Josué Colmán, nacido y crecido para la historia



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Por: Luis Suárez (@luije77)

Toulouse, Francia; 24 de junio de 1998. Entre la responsabilidad que implicaba ser el segundo mejor clasificado de Conmebol para la época y la esperanza de superar un tercer escollo –Nigeria- que podía haberlos mandado a casa como aquellos que fueron acusados de felonía y nadie recuerda, Paraguay tenía el corazón en la mano al cierre de la fase de grupos del Mundial. Habían sumado dos empates; ganando a los africanos, expulsaban a España de la competición. Aquella fecha era sinónimo de ansiedad para un país que temía a pocas cosas, sobre todo teniendo a José Luis Chilavert como el mejor guardián del arco a nivel global. Al caer la madrugada francesa, lágrimas y exacerbados festejos poblaron la nación guaraní. Paraguay le encajó tres tantos a las águilas negras. Horas después de aquella gesta, una familia de Asunción multiplicó su felicidad: El jueves 25 nació el pequeñín Josué Colmán, quien 20 años después emprenderá a Orlando a desplegar su frenético fútbol.

Crecer en un grande de cualquier continente tiene una dualidad particular: Saltar pasos de formación para luego salir al exterior y tener que vivir con presión sobre los hombros por las altas expectativas posadas sobre los prospectos del club. Colmán lo ha vivido. Tras altibajos con la camiseta de Cerro Porteño y la Selección paraguaya a niveles juveniles, ha sabido como reponerse de los golpes naturales del crecimiento. Su padre lo destaca como una persona fuerte mentalmente, a pesar de declarar que a él mismo le afectan las fortísimas críticas que en ocasiones han tratado de socavar la novel carrera de Josué. Los cracks deben lidiar con que se les cuestione cada segundo de su vida. Él, sin dudas, pertenece al grupo de los distintos.

América está encantada con el fútbol explosivo de los chiquitos. Ezequiel Barco se atrevió a lanzar un penal en la final de Copa Sudamericana; con apenas 18 años, Yeferson Soteldo ha logrado quebrantar tantas piernas como marcajes personales, Arthur está llamado a liderar el juego de un pentacampeón del mundo al ritmo de una orquesta dirigida por Luis Szarán. El paraguayo se une a ese grupo, partiendo desde la banda y con la dicha de no tener problemas si centraliza su juego o decide emprender una carrera de 20 metros contra un lateral ávido de miedo de ser dejado en ridículo. Es un 1,68 m de chispa y velocidad mental para reaccionar a las incansables marcas y coberturas de espacio con el fin de frenarlo.

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Orlando City sufrirá una temporada de cambios totales. El acostumbrado frente de ataque que tuvo a Ricardo Kaká, Carlos Rivas, Cyle Larin y Giles Barnes ya no existe. Ninguno estará en las filas púrpuras, hecho que eleva las tareas anotadas en la libreta de Josué Colman rumbo al sol de Florida. La Dwyer-dependencia incrementará a grandes niveles en las primeras de cambio y la presencia de Colmán para caer por ambos costados hasta línea final surge como un aliciente para el delantero de la Selección estadounidense.

Sus virtudes son tantas como las diversas reacciones que surgen de su cabeza en milésimas de segundos. Hace lo que pocos pueden: Convertir el lujo en herramienta para salir de aprietos y romper sistemas. Incluso, las que hace de más quedan en la memoria del analista o espectador como un recuerdo del posible inicio de una acción de peligro. La rudeza de la liga desarrollará la sapiencia de Colmán. Debe explotar su remate al arco para ser más efectivo de lo que ya es. El desorden que genera su explosivo fútbol y las dificultades de su físico podrán ser solventadas conforme a la madurez de su aprendizaje.

Se avizoran tiempos difíciles para la tropa de Jason Kreis. En el paraguayo pueden encontrar un efectivo dispuesto a las grandes citas; no en vano nació apenas llegó el pitazo final de uno de los días más emotivos en la historia del fútbol guaraní.     

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