Publicada el 18/08/2018

Corría el año 2002 y Argentina había logrado un paso impecable por las Eliminatorias sudamericanas, de la mano de Marcelo Bielsa como entrenador. Por plantilla y propuesta de juego, la Albiceleste era candidata a llevarse el trofeo en territorio asiático. Allende su excelso transitar previo, había una duda que martillaba la mente del duduso aficionado al mismo estilo que lo hace el síndrome acatisia en el inquieto: la presencia de dos “9” clásicos en la misma alineación. En el último partido de fase de grupos de la Copa del Mundo, se jugaban la vida contra Suecia. Al 58’, “El Loco” decidió sacar a Gabriel Omar Batistuta para darle entrada a Hernán Crespo. Ambos futbolistas hacían carrera en el Calcio italiano y convivían en la Selección con la fama de ser los máximos exponentes en su posición dentro del país de la bota. A pesar de que “Valdanito” marcó el gol del empate, Argentina se fue del mundial en medio de uno de los fracasos más rotundos del ciclo Bielsa: No haber colocado a Crespo y Batistuta juntos en partidos oficiales. Hoy, la historia parece repetirse. Sin embargo, los protagonistas parecen ser más compatibles que lo que pudieron haber sido sus predecesores. Argentina y el Inter sonríen gracias a Mauro Icardi y Lautaro Martínez.

La renuencia de colocar a aquellos dos ejemplares de la posición entre los 90’ y 00’ se debió al poco convencimiento de Bielsa sobre colocar dos delanteros natos dentro de los tres de arriba. De haberlo hecho, hubiese tenido que sacrificar un wing para darle cabida a Crespo, quien era el sustituto de Batistuta. Guardando las comparaciones sobre dos figuras consagradas y dos jóvenes a los cuales les quedan; al menos, 10 (Icardi) y 15 (Martínez) años de carrera, jugando al azar o faltarle el respeto al futuro, Mauro y Lautaro tienen capacidades sinérgicas para convivir los mismos minutos sobre la alfombra verde del Giuseppe Meazza.

Pero, ¿realmente pueden convivir ambos, al mismo tiempo, en un terreno de juego? Luciano Spalletti, entrenador del Inter, comentó durante la pretemporada que “pueden jugar juntos perfectamente, como todos los buenos jugadores” pero que “tienen que trabajar juntos para el equipo, dividirse sus tareas en la cancha y hablar mucho entre ellos”. Es notorio que, por biotipo natural, es Icardi quien tiene tendencia y capacidad para ser quien juegue más adelantado en un 4-4-2 o 4-2-3-1, en el caso que Spalletti decida jugar con dos en punta en detrimento del muy probable 4-3-3.