Publicada el 29/07/2018

Juan Carlos Osorio, es la viva esencia del eje cafetero, un hombre tranquilo de pausado caminar y muy claro en cada una de sus ideas, tanto al plasmarlas como al darlas a conocer. Ha sido un incomprendido a lo largo de su carrera como entrenador; sin embargo, esa ausencia de comprensión externa no ha afectado sus facultades propias y la característica natural del colombiano por conseguir lo que se propone.

Debutó en 1982 como futbolista en el equipo de su región, el Deportivo Pereira. Además de defender los colores de la selección colombiana en su categoría Sub-20. Luego partió de manera rápida a Estados Unidos para enfundarse la camiseta del Chicago Fire, donde realmente jugó muy poco antes de retirarse en el año 1988 para tomar rumbo en lo que realmente era su aspiración deportiva.

En suelo norteamericano, el nacido en Santa Rosa de Cabal (COL) se preparó académicamente para afrontar la responsabilidad de entrenar, siendo allí donde se tituló en Ciencias del Ejercicio Físico y del Rendimiento Humano, solo dos años después de haberse retirado con el Chicago Fire. En 1997, tomó la decisión de cambiar su carrera de manera definitiva. Irse a Inglaterra, donde aprovechó para especializarse en Ciencias Superiores del Fútbol en la Universidad de Liverpool, antes de afrontar su primer reto profesional en un banquillo.

Inglaterra le abrió los brazos y le brindó su primera oportunidad dentro de un cuerpo técnico, cuando en el año 2001 por recomendación de la leyenda inglesa Kevin Keegan, Osorio llegó al Manchester City – bastante alejado de lo que es hoy –, donde se desempeñó durante seis años como preparador físico y asistente técnico. Además, recibió su licencia “A” como entrenador UEFA y siguió preparándose como director técnico en la asociación holandesa de fútbol. El colombiano nunca dejó de prepararse pese a encontrarse en la mejor liga del mundo.

Sus años en Europa le daban los pergaminos para afrontar nuevas responsabilidades. Así que, Osorio se fue a Colombia para conseguir su primer cargo como director técnico. Fue Millonarios el equipo que le abrió las puertas en el año 2006, donde logró resultados importantes. Sin embargo, la sequía de títulos de uno de los llamados grandes del fútbol colombiano fue factor de incidencia en la presión excesiva que recibió el entrenador – denominador a lo largo de lo que terminó siendo su carrera – hasta su salida del cuadro capitalino, pese a lograr clasificarlo a torneos internacionales y permanecer en puestos de vanguardia en la liga local.

Nuevamente Estados Unidos fue la alternativa para el pereirano que consiguió en el Chicago Fire su segunda experiencia como entrenador, logrando llevar al equipo al playoffs y alcanzando las semifinales durante 2007 y 2008, para posteriormente partir a Nueva York, donde se hizo cargo del Red Bull, equipo al que llevó hasta la final de la liga MLS, donde terminó cayendo, dejando ir una vez más sus opciones de titulo. Posteriormente, tras una campaña complicada, Osorio renunció y regresó a Colombia en busca de la redención.

El Once Caldas de Manizales depositaría en Juan Carlos Osorio su confianza de cara a la temporada 2010, un equipo que había sido reconocido como el equipo de la década en Colombia y que además había conseguido el título de Copa Libertadores en 2004, se avizoraba como buena vitrina para el preparado entrenador que si bien había logrado cosas importantes, seguía arrastrando con el lastre de no ser campeón.

En Once Caldas tan solo un semestre después de su llegada Osorio consiguió la anhelada redención, el estratega se coronó campeón del fútbol profesional colombiano, consiguiendo así su primer título como director técnico, redondeando su paso por Manizales con una campaña aceptable en Copa Libertadores 2011 y una nueva final de la liga local en ese mismo año en la que terminó cayendo ante Junior de Barranquilla.

Después de una gran etapa al frente del Once Caldas y pese a la buena disposición de los directivos por la continuidad de Osorio, una oferta desde el fútbol mexicano le sedujo para irse a Puebla, equipo por el que paso de noche y que le acarreó muchas críticas. Tras solo lograr dos victorias en once partidos presentó su renuncia, para meses después recalar en el Atlético Nacional, siendo cuestionado para variar.

Los tres años de Osorio en Atlético Nacional no solo representarían su mejor etapa como entrenador, sino que también el renacer de un equipo acostumbrado a ganar que parecía haber perdido su bandera previo a su llegada. Con él en el banquillo, el equipo conseguiría seis títulos, disputaría nueve finales e incluso volvió a estar en las primeras planas del fútbol internacional, ya que lograría llegar hasta la final de la Copa Sudamericana 2014; sin embargo, su modelo de trabajo al rotar las alineaciones hacían reacio el ambiente, sobre todo con algunos sectores de la prensa.

Posterior a tocar la cúspide con Atlético Nacional y conseguir reivindicarse en su país ante las criticas constantes por su modelo de trabajo, hizo maletas con rumbo a San Pablo (BRA), allí se hizo cargo del Sao Paulo, equipo con el que pactó por dos años pero donde solo pudo dirigir 28 partidos ante el llamado de la selección mexicana y su salida para afrontar un nuevo reto que llamó especial atención en la idea del ya reconocido Juan Carlos Osorio para ese momento.

Su llegada a México generaría opiniones divididas, por una parte estaban quienes apelaban a su nula experiencia al frente de selecciones nacionales, el sistema de rotaciones que implementaba e incluso llegaban a resaltar su pálido paso por la Liga MX cuando estuvo al frente del Puebla. Sin embargo, estaban también quienes apoyaban la figura del entrenador exitoso del Atlético Nacional, que había conseguido cosas importantes y podía sacar a México del caos en el cual se encontraba tras el escándalo de Miguel Herrera posterior a la Copa del Mundo realizada en Brasil 2014.

Pese a todo esto, el colombiano siempre se mantuvo al margen, tanto de propios como de extraños, nunca levantó la voz ni para defenderse ni para atacar. Sería su trabajo el que daría la última palabra.

Su gestión en México ha sido un pequeño mundo apartado de todas las criticas, pese a los constantes cuestionamientos por su forma de manejar el grupo y las rotaciones permanentes en cada una de sus presentaciones, Osorio no modificó nunca su manera de hacer las cosas y se mantuvo fiel a su estilo, consiguiendo llevar al seleccionado mexicano a clasificarse invicto al Mundial de Rusia 2018.

Además de superar diferentes registros durante su período, con la figura de su salida siempre presionando, como pasó tras los siete goles encajados ante Chile en la Copa América del Centenario o después de ser goleado por Alemania en semifinales de Copa Confederaciones e incluso por la fiesta organizada por algunos jugadores previo al inicio de la Copa del Mundo.

México, y sobre todo Osorio, llegaron a Rusia 2018 con la presión desmedida de un sector de la prensa. Aunque, mantuvieron la cabeza en su objetivo, sorprendiendo al mundo en el primer partido al vencer a Alemania y posteriormente conseguir la clasificación a octavos de final, donde cayeron ante Brasil en lo que fue el último partido de un gran ciclo mundialista para “El Tri” y para Osorio en la selección mexicana. Sin embargo, recibió muy poco crédito merecido por tal actuación. En cambio, sí coleccionó un sinfín de críticas sin sentido hacia su gestión.

Pudo ser criticado, cuestionado y muchas veces satanizado por la manera en que llevó las riendas del seleccionado mexicano. Sin embargo, los números que dejó su gestión y las estadísticas que quedaron tras el Mundial de Rusia para “El Tri” son positivas. Pese a no alcanzar el quinto partido, Osorio le dio a la selección mexicana mucho más de lo que recibió por parte de una afición que incluso llegó a abuchearlo en el encuentro de despedida previo a la Copa del Mundo realizado en el mítico estadio Azteca.  

Juan Carlos Osorio es un personaje que tiene la facilidad de mantenerse ajeno incluso estando allí, un entrenador con la facultad de recibir todas las balas y que pese a sus cuestionadas rotaciones recibe el respaldo total del grupo de jugadores a donde va, es un estratega en toda la extensión de la palabra, un enfermo del fútbol que vaya a donde vaya continuará cosechando cosas importantes, pero también coleccionara críticas. Así ha sido la carrera de Osorio y parece no incomodarle para nada porque fiel a su personalidad, se mantiene ajeno y con la vista puesta en cada objetivo planteado.