Publicada el 16/07/2018

El concepto de volante mixto está tan trillado que ya los ocupantes de la segunda línea no pueden permitirse la pausa entre tanto dinamismo. Claramente, hay unos que se especializan en la salida y otros en la segunda jugada. Pero cada vez el juego se vuelve más rápido y las respuestas están más automatizadas. Y es cada vez más difícil encontrar jugadores que sean solo especialistas en la élite.

A esta reflexión parece que Arsenio Wenger no llegó durante su larga estadía en el banquillo del Arsenal. Fiel a su 4-2-3-1, que en los últimos años mutó a un 3-4-3 de moda en Inglaterra, primó sistema sobre modelo. Su fútbol era ofensivo y propositivo. Buscaba ser protagonista. Pero que no contemplaba demasiado el posicionamiento de sus jugadores tras pérdida.

La transición defensiva gunner es de las peores de la Premier League. Y Wenger vio cómo la cantidad de goles se repetía por esta vía. Jamás renunció a su idea de juego. Si se toman en cuenta los volantes que tuvo a disposición: Wilshere, Elneny, Ramsey, Xhaka y Coquelin, solo los últimos dos se amoldaban a las carencias que había de un jugador en la segunda línea.

Pareciera que para ese sector solo importa que se tenga buena técnica con el balón en los pies. Y si bien hubo en su momento la figura de ese jugador era Francis Coquelin, nadie puede llegar a la expresión de Patrick Vieira, vertebral en la segunda línea gunner de los invencibles (2003-2004). Quizá el mejor volante mixto (en ese entonces no era redundante serlo).

Por suerte para el Arsenal, Wenger ha dado un paso al costado. Unai Emery está al mando y ha traído a Lucas Torreira, que es precisamente ese tipo de futbolista que escaseaba en la plantilla. Fuerte, con presión al espacio para anticipar circuitos de pase, con ida y vuelta y con un valor agregado que en el harto globalizado fútbol actual sigue siendo una marca registrada: garra charrúa.

Tanto en Uruguay como en la Sampdoria ha demostrado estar presente en ambas facetas. De hecho, le da seguridad al volante que acompaña si juega en doble pivote para pasar al ataque. Su espalda está segura con un volante como Torreira, que puede incrustarse entre los centrales para apoyar la salida o para defender en caso de que el rival le haga el 2 contra 2 a los centrales.

Por muy buen mundial que haya podido hacer, las cualidades que exhibió con su selección son las mismas que acostumbraba en Italia. Ya los fichajes de estrellas fugaces son prácticamente nulos. Cada vez los departamentos de ojeo y análisis de video son más integrales y hay menos azar a la hora de fichar jugadores. Cuesta pensar en una “revelación” individual de la Copa del Mundo que no milite en un club de liga top europea.