Publicada el 5/07/2018

Faltaba una hora para abordar el tren. Uber no funcionaba. No pasaban taxis vacíos. El hecho es que muchos trabajan como Uber y no acceden a llevar pasajeros si no es a través de la aplicación web. Recién había dejado de llover y todo estaba mojado. Yo, con una maleta grande y una mochila donde tenía mi computadora y mi cámara. Llevaba cerca de 25 minutos, conjunto a Igor (mi host), intentando ver cómo me iba. El metro siempre es opción, pero caduca cuando vas tan cargado.

A ver, con una hora y treinta minutos de tiempo, con la estación a 45 minutos de donde me estaba, parecía un fácil acceso para llegar al destino. Pero en Moscú todas las distancias son largas. Un accidente puede colapsar una autopista y todo complicarse.

Al contar con el no funcionamiento de Uber, Igor me pidió mi teléfono. Llamó a una línea de taxi para que me buscara. El precio entre ambos era de 200 rublos más (unos 3 USD). Realmente no mucha diferencia. Los servicios de transporte para personas que van con moneda extranjera suelen ser económicos al cambio (no válido para los bolívares).

Atendieron. 10 minutos para llegar. El hecho de llevar esperando 25 y tener que esperar 10 más resultaba interminable. Pero llegó. Un conductor de Kirguistán. No tengo idea cómo es su gentilicio, de hecho, creo que no pudiese señalizar el país en el mapa. Hace unos días uno de Tayikistán fue quien condujo. Suelen tener este estilo de nacionalidades.

Mi ruso es bastante básico. Si me hablan despacio, entiendo ciertas frases. Pero no. Ley de Murphy. En este caso, hablaba muy, pero muy rápido. Ya sabía que debía llevarme a la Leningradskiy Station porque Igor lo comentó antes de dejarme, pero el insistía en conversar. Así que usamos la “vieja confiable”: el traductor. Es muy común el uso de google translate en su modo de habla con turistas. Los taxistas ya te comentan para hablar por el “microfón”, haciendo referencia al traductor.

El hecho es que él podía entenderme cuando yo hablaba, pero yo no a él. Así que la conversación resultaba unidireccional. De igual forma, le agradezco. Manejaba tan rápido que sabía que llegaría a tiempo. Moscú es una ciudad que se siente muy segura, pero en este momento, por primera vez, sentía inseguridad. La velocidad, el cambio de canales y el piso mojado hacía que mi vida corriese peligro. Él iba sin cinturón de seguridad.

Y pum. Sin cinturón está infringiendo la ley. La policía y las 10.20PM en el reloj. El tren salía a las 10.50 y faltaban 20 minutos en autopista para llegar. Con una linterna señaló hacia la izquierda. Tocaba detenerse para entregar los papeles del vehículo. El señor de Kirguistán sonrió y me hizo una seña como si le iban a poner una multa. Yo no le veía lo gracioso por la hora que era.

En fin. Fue bastante rápido. Los policías no titubearon, pero habían pasado 10 minutos e íbamos justos. El taxista me preguntó que a qué hora salía mi tren y le comenté. Se volvió a reír y me dijo “Schumacher”. Era hora de que hiciera las veces de piloto de F1 para llegar. Y así hizo. No sé cómo los 20 minutos en google maps pasaron a ser 12. Iba volando. Yo sudando frío, pero con un pie dentro del tren.

Llegué. Todo bien. Restaban 8 minutos al pisar la estación, suficiente como para poder hacer el check in de manera fructífera. Resulta más fácil cuando está todo bien señalizado para las “free ride”. La FIFA habilitó trenes gratuitos entre ciudades para aquellas personas que comprasen entradas y para periodistas acreditados. Todo un lujo. Eso sí, el sistema colapsó en varias ocasiones por internet.

En el tren que viajé no iba ni cerca de estar lleno. Habían varias camas vacías. Les explico. Son 8 horas de viaje entre Moscú y San Petersburgo. En Rusia es muy común que los trenes de distancias largas sean con camas. Hay diferentes tipos: camas una al lado de la otra en todo el vagón, habitaciones privadas para una persona o compartidas. En este caso eran cuatro camas por cubículo.

Segunda habitación de la planta baja (son dos pisos), a la izquierda. La ideal. Iba solo. La puerta se cierra y las persianas se bajan. Quedas totalmente hermético dentro de tu recámara con una tenue música de fondo para alegrar el ambiente.

En otros compartimientos iban personas de otras nacionalidades: portugueses, colombianos, árabes y de Kirguistán. Mentira, estos últimos no. Pero si una jugosa variedad de personas aprovechando su “free ride” a otras ciudades. Estos trenes son especiales para fanáticos con FAN ID. Al entrar hay personas que te piden este documento y el pasaporte. Muchas de ellas tienen identificación de la FIFA. Realmente un buen servicio.

A los 20 minutos de arrancar –puntualmente– el tren, pasó una señora. La camarera de mi vagón. Preguntó si quería café y cómo lo quería. Después, silencio sepulcral. Los árabes se escuchaban de a ratos con algunas risas. Yo me dispuse a ver qué de interesante conseguía, pero la verdad no mucho. Hay para beber agua de manera gratuita y baños. Como curiosidad, los baños tienen enchufe, como para conectar máquinas de afeitar.

El tren también cuenta con wifi, para mi persona inservible. En todo el camino no funcionó, pero tampoco servía de demasiado que resultase, ya que viajando de 10.50 PM a 6.47 AM del día siguiente, la misión principal es dormir. Más cuando sabes que estarás hasta las 14.00 rodando por la ciudad con la maleta y la mochila. A esa hora, puedo hacer el check in del sitio en el que me quedo.

Dormí y me desperté unas 4-5 veces. A pesar de que el movimiento no se siente mucho, no tienes unas comodidades de hotel de lujo para descansar. A 30 minutos de llegar al destino, pasa la señora con el café que ofreció hace 7 horas. Ese café te potencia. Te sientes cansado, pero estás arribando a San Petersburgo, para muchos, la ciudad más linda de Rusia. Y la que fue durante muchos años su capital.

Me recibe con el cielo nublado, como siempre suele estar. Y sin señal en el teléfono. Resulta que la promoción que ofrece la principal telefónica de Rusia es de GB ilimitados por 14 días a un precio accesible, pero nunca te dicen que solo te funcionará en la ciudad en la que la compras. Es decir, tocó adquirir una línea nueva. Y hacer tiempo.

Son las 9.21 AM. Estoy sentado en un café a 15 minutos de la estación de tren. Busco quemar los minutos y me distraigo con estas líneas. Me tomo –otro–  café y me como un cinamon roll. Luego pido otro. Faltan 4 horas y media para poder dejar la maleta y la mochila en la habitación.