Publicada el 4/07/2018

El cielo continúa azul. Pero claro. No son siquiera las 9 de la noche cuando las calles moscovitas están llenas de gente. Bueno, siempre lo están. Pero esta vez la vestimenta es diferente. Es ropa de fiesta, nocturna. Son pocos los grupos de muchas personas. Generalmente, se ven de a dos o tres jóvenes caminando por la calle.

Moscú se ve tan segura que se puede sentir inseguridad. Por el centro, cerca de la Plaza Roja hay muchos controles de seguridad. Como entrada y salida a la calle Nikolskaya o mejor conocida como la “calle de las luces”. Se deben pasar dispositivos de detector de metales. Un poco alejados, se ven guardias de seguridad a toda hora. Sin importar el color del cielo.

La cantidad de personas transitando las calles hacen que se pueda sentir un grandioso clima nocturno. No hace calor, ni frío. 20-22 grados. Temperatura ideal para poder ir sin abrigo, pero con atuendo elegante sin necesidad de sudar.

Los latinos son los que incrementan el índice per cápita en los bares y discotecas. Brasileños, colombianos, mexicanos, argentinos y peruanos (todavía), se sienten dueños de Moscú. Hacen ruido, buscan hablar con cualquier rusa que les pase a su lado y beben. Para los dueños de los recintos, los sudamericanos son un manjar.

El hecho de contar con otra nacionalidad también parece atraer a las mujeres rusas. En casi todos los grupos de camisas de Neymar o Messi, hay grupos de rubias ojos verdes conversando. Bien sea en bares o en las calles. Por cierto, sin ánimos de machismo, son pocas las mujeres latinas que se pueden ver con grupos de jóvenes rusos. También afecta el hecho de que hay muchos más hombres que viajaron a Rusia, que mujeres.

El clima mundialista atrapa y seduce. Parece ser más fácil de comunicarse en otro idioma o de abrir tema de conversación con desconocidos. A ver, es más sencillo saludar a un mexicano hablándole de Chicharito en Moscú, que hacerlo en el DF. Creo que la afirmación es hasta lógica. De igual manera parece suceder con personas del sexo opuesto. La facilidad para comenzar una charla resulta increíblemente sencilla.

Al parecer los moscovitas poco le prestaron atención a la ministra rusa. Pidió a sus compatriotas que no se juntaran con extranjeros para conservar mejor la raza. Obviamente, requerimiento difícil de satisfacer.

Sobre las 11 de la noche, ya está oscuro. Las noches en Moscú son claras. Además de las muchas luces, no se ve un cielo negro. Al comenzar la fiesta tan temprano, algunos locales el clima se va agotando sobre las 3am. Otros, continúa. La gente no se queda solo en un sitio.

En las calles también se ven carros con maletas abiertas y música a todo volumen. Generalmente en ruso. Grupos de jóvenes bailando al ritmo de las canciones. Y con vodka en las manos.

Extrañamente, en los bares se bebe mucha cerveza, a pesar de lo común que puede resultar el vodka entre los rusos.

Existen todo tipo de lugares nocturnos, desde algunos con tecno, hasta algunos latinos, si, latinos. Para bailar bachata, salsa o reguetón. Y los rusos van, extrañamente.

A partir de las 2am comienzan a funcionar mucho los taxis. El metro cierra entre la 1am y las 5.30am, por lo que durante 4 horas es el momento de aprovechamiento de los vehículos amarillos. Obviamente, Uber también resulta una opción de transporte. Los buses hacen recorridos, pero su llegada es limitada a cualquier punto de la ciudad.

Las fiestas terminan alargándose o situándose a las afueras de los bares y discotecas. La razón principal es la espera de apertura del metro, que hace que el primer tren vaya completamente lleno de gente, se vean personas borrachas y otros tantos cabeceando, con ganas de dormir.

Es interesante y gustoso. Una cultura diferente que une, en un claro cielo, miles de nacionalidad al ritmo de bailes rusos y latinos.