Publicada el 2/07/2018

Y ya está. Llegó el día. El día de presenciar un partido del Mundial de fútbol. Un día que marcaría un hito. Un cambio. Un antes y un después en la historia del país anfitrión, pero que nadie sabía. Todo inicia en el recorrido con un metro a tope. Ya se canta. Camisas rojas por doquier.

La seguridad a máximo, igual que las emociones. Bolsos grandes no pasan. Los miden con un centímetro para conocer si es posible entrar. Se deja en los utensilios destinado en las afueras del estadio. Cola larga. Todos querían pasar muchas cosas dentro del recinto. No se puede.

Se ingresa. Fan ID, entrada, lector. Guardias. Más guardias. Detector de metales. Revisión de equipos electrónicos: teléfonos y cámaras fotográficas. Pasan y pasan personas. Más seguridad todavía. Ya dentro del estadio.

Música. Bailes. Fiesta. No igual a la de las afueras. Esto es Ibiza, antes de la lectura de entradas, una isla cualquiera. Españoles, pocos. Rusos, muchos. Latinos y chinos por doquier. Más baile. Gente canta. Djs, grupos de toque musical. Voluntarios. Budweiser ganando dinero en venta de cervezas. Todos con birras en las manos. Vasos especiales del Mundial. Más cerveza. 350 rublos cada una. ¿Agua? Nadie.

Cantos. Pinta caritas. Colas inmensas para ponerse la bandera en los cachetes. Fotos: con el estadio, con la mascota, de los aficionados. Mezcla de cultura a tope. Servicios médicos y más voluntarios. Hasta su uniforme es rojo. Yo voy de azul (¿?).

Estatua a las afueras. Baños portátiles. Mucho uso por las cervezas. Estadio, imponente. Escaleras. 1, 2, 3, 4 pisos. Espectacular vista de Moscú, mejor vista del engramado. Va entrando la gente. Más birras dentro. De a 4 o 5 se compran. Cánticos rusos.

Cuenta regresiva: chetirie, tri, dva, adin, silbato del árbitro. Se juega. La ola. Gol de España. Grita una minoría. Casi no se siente. Solo se mira. Silencio. Comienza el RO-SSI-YA a corearse. Córner, cabezazo, mano. Penal. Pique no sabía qué hacía. El estadio de viene abajo. Dzyuba y gol. Ahora sí, se vino abajo. Gritos, abrazos con desconocidos. Festejo. Mucho festejo.

Entretiempo. Nadie lo cree. Se vacían las gradas. Pitazo del segundo tiempo. Siguen vacías. Cola de cerveza. Se entra. 50 minutos de partido. Estadio de nuevo lleno. RO-SSI-YA un millón de veces. No se corea nada más. Pequeñas minorías hablan español.

Señor de al lado cree que soy español. Bueno, lo soy. Pero no le hincho. Festeja y me mira. Soy venezolano. Se entera. Me choca la mano. Sabe inglés. Es ruso-armenio. Está solo. Rodeado de solo rusos.

Sistema ultra defensivo. Partido aburridísimo. Me duermo. Mentira, pero casi. España con posesión. De repente, un remate. Si, alguien chutó. Para Akinfeef. Paradón. Final del partido. Las gradas no se vacían.

Tiempo extra. Todos cantan. Parece posible. Rusia defiende. España “ataca”. Mejora el ambiente. ¿Remate? Sí, un remate. Muchos córners. Se levantan, se sientan. El ruso está impaciente. Final del partido, ahora sí. Vienen los penales. Impresionante. Ya es un triunfo. Pero se quiere más.

Portería, la más alejada. Rojos y blancos. España y Rusia. Silencio y aplausos. Bulla. Gol de España. Silencio. Gol de Rusia. Estruendo. Bulla. Gol. Silencio. Gol. Más estruendo. Bulla. Fallo. Una locura. Abrazos, cervezas, manos a las cabezas. Silencio. Gol. Arriba los anfitriones. Mucha bulla. Gol de Ramos. Silencio. Gol de Golovin. Increíble. 3-4.

Koke. Mucho ruido. Camino eterno. Insultos, gritos. Remate. FALLO. Final. Rusia en cuartos. Lágrimas: de felicidad y de dolor. Abrazos, abrazos, abrazos. Exacerbación. Locura. Akinfeef héroe. El estadio canta, corea, grita, salta. Sensación indescriptible.

Felicidad plena. Salida del estadio. Nadie dormirá. Banderas de Rusia. “Spain go home”, en inglés (¿?). RO-SSI-YA mil millones de veces. Metro, alegría. Calles, alegría. Estadios, alegría. Rusia, alegría.