Godín y Giménez: El arte de defender



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Por: Javier Parra (@JaviEPP)

Desde la llegada de Diego Pablo Simeone, el Atlético de Madrid se ha convertido en la escuela del arte de defender. Con jugadores sacrificados a la idea del entrenador,  quien decide dónde y cómo hacerlo, y que juntos construyen un candado casi imposible de vulnerar.

Eso ha convertido al conjunto colchonero en una potencia en el “Viejo Continente”. Un equipo capaz de confeccionar, contra los rivales con más alcurnia y pedigrí, planteamientos casi perfectos basándose en múltiples tipos de presión (baja, media y alta), con bloques sólidos (constituidos por dos líneas de cuatro o hasta un 4-5) y una garra que convierte, para los jugadores rojiblancos, en cada pelota en la última,  un rasgo contagiado de la personalidad de su entrenador y con dos jugadores puntales que, dentro del candado, son dos eslabones irremplazables: Diego Godín y José María Giménez.

La pareja de centrales uruguayos se ha convertido en artífice principal del arte de defender. Ambos con características y roles diferentes pero perfectamente complementarios. Godín, el más veterano, con su semblanza y autosuficiencia se ha transformado en uno de los mejores defensores del mundo y un maestro de la pelota parada en ambas áreas. Además, ha evolucionado para ser un jugador con muy buen juego de pies, siempre activando a sus compañeros en el juego directo. Por su parte, Giménez, el más joven, ha evolucionado con el apoyo colectivo. Más sobrio e inteligente y no tan atrevido con el balón en los pies como lo puede ser su compañero de zaga. Siempre bien posicionado y mostrándose como apoyo para que la jugada pueda reiniciarse desde la zona baja del campo. Ambos complementan sus movimientos para cuidar las espaldas y proteger a los volantes cuando estos tienen la pelota en dominio.

Ambos, como eslabones principales de los bloques defensivos, son los que organizan al equipo y los que deciden donde se defiende. Si el rival prioriza salir jugando, Godín y Giménez juegan muy cerca del campo rival para que sus compañeros puedan presionar con comodidad y complicar ese mecanismo del contrincante. Cuando el balón va largo, en respuesta de la presión, es Diego el que va en búsqueda de la pelota para ganar el duelo aéreo y que el Atlético de Madrid tenga más oportunidades de ganar la segunda pelota y estar ya en campo rival con la pelota dominada.  

 

Si el rival no presiona alto y se mantiene en bloque corto, Godín toma la responsabilidad de la salida y siempre busca romper líneas con pases a los laterales, que juegan en línea con el volante defensivo posicional, o con una conducción de pelota que, con su envergadura física y buen control de los tiempos, termina siendo efectiva. Al ser presionado, es él quien con balones largos busca a sus delanteros. Siempre con un balón en búsqueda del espacio libre, que puedan atacar los volantes y los delanteros.

Por su parte, Giménez siempre le cubre las espaldas. Al ser más rápido, por su poderosa zancada, siempre llega para corregir si su compañero de zaga es superado por un contrincante o si pierde la pelota.

 
 
Cuando les toca defender, y más que todo en bloque bajo, son ellos quienes sirven de punto de partida para los volantes de primera línea para que no pierdan su posición. Ellos organizan a todo el equipo desde el orden del bloque hasta las basculaciones cuando el rival intenta darle diferentes sentidos a las jugadas ofensivas. Ellos explican la frase: Juntos son más que la suma de todas sus partes.
 
 
Desde la llegada de Diego Pablo Simeone, el Atlético de Madrid se ha convertido en uno de los equipos más seguros del “Viejo Continente” con una dupla de centrales que se han convertido en una garantía de primer nivel. Una pareja que transformó el defender en un arte.
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