Lo hizo otra vez



El1


Por: Diego Baquero (@DiegoBaco23)

Atrás quedaron las dos finales de Champions que perdió frente a su eterno rival. Atrás quedaron las especulaciones de una posible salida rumbo a la selección argentina o al Inter de Milán. Atrás quedaron, también, los mitos alrededor de la pérdida de autoridad o de su falta de llegada a los jugadores del plantel. Diego Pablo Simeone lo hizo otra vez. Su Atlético de Madrid va a jugar la cuarta final europea en los últimos 6 años. Un dato impensado cuando en diciembre del 2011, tras la salida de Gregorio Manzano, el argentino se hizo cargo del equipo.

El próximo 16 de mayo, el Atleti va a salir en búsqueda de su segundo título de Europa League, tras haber conseguido el primero en la temporada 2011/12 frente el Athletic de Bilbao, también bajo el mando de Diego Simeone, quien, a estas alturas de su carrera, es casi que un especialista en las series ida y vuelta, alcanzando su victoria número 19 (de las últimas 22) frente al Arsenal y confirmando que logró convencer a su plantel de volver a sus origines, a ese infalible 4-4-2, que tantos frutos le ha brindado al equipo rojiblanco desde la llegada del argentino al banquillo.

Y para la final, frente al Olympique de Marsella, parecen no existir dudas. O al menos hay pocas. La pareja de centrales (Godín y Jiménez) más consolidada que nunca, entendiéndose a la perfección, y en parte también porque juegan juntos en la selección uruguaya, y además, son los líderes defensivos que reflejan el ímpetu de Simeone. Sumado a ellos, se puede dar el posible regreso de Filipe Luis y Juanfran, sino, seguramente, quienes jueguen sean Vrsaljko (por derecha) sumado a un rendidor Lucas (por izquierda) que ante la ausencia de los “teóricos” titulares han respondido muy bien y saben interpretar muy bien el ataque al espacio a la espalda de los laterales rivales.

Por su parte, uno de los emblemas de la etapa de Simeone, Gabi, posiblemente, va a estar en el medio campo, siendo un poco más posicional, presto a marcar y recuperar. Mientras que su compañero puede ser Thomas Partey, quien es el jugador que más recursos maneja, en la plantilla del Atlético, para salir liberado de un acoso en campo propio, actuando más como un volante box-to-box, apoyando tanto en ataque como en defensa, y encargado de lograr la superioridad, bien sea en el medio campo propio o en el rival y también de generar el ritmo del Atleti. Son el equilibrio del equipo y los encargados de elegir en que parte del campo el Atlético va a presionar: puede ser una presión alta, media o baja y seguramente, frente al Olympique, lo más seguro, es que sea alta/media para tratar de contrarrestar el buen manejo de balón del equipo francés.

A sus costados, hay varias opciones, como Correa, Koke, Saúl o Vitolo, quienes pueden jugar en los extremos, con unas funciones en específico, es decir, mucho compromiso de marca, obligados siempre a retroceder y formar la línea de cuatro volantes junto al doble pivote. No obstante, teniendo en cuenta sus principales características, buscan atacar permanentemente por las bandas, bien sea buscando el desequilibrio individual, el desborde y el centro al área o encarando en diagonales hacia el medio buscando su perfil. Suelen cambiar de bandas, según las características de los laterales rivales y del contexto del partido.

Finalmente, en la parte ofensiva, va a estar, seguramente, la dupla delantera Diego Costa-Griezmann, quienes tiene un valor importante, debido a que se entienden muy bien. Mientras uno sale, el otro entra. Mientras uno baja, el otro sube. Mientras uno pivotea, el otro ataca el espacio. Y así, están en permanente consonancia, con la mezcla de tenacidad y talento, se proponen romper el cerrojo defensivo rival.

Y así forma un conjunto que es fiel al “cholismo”, que tácticamente roza la perfección, que además, lo hace con el cuchillo entre los dientes. Un 4-4-2 infalible, que vuelve a sus esencias. Consigue otra vez que el equipo atacara y defendiera en bloque. Aprovechando, la velocidad de sus volantes (laterales/extremos), donde el técnico argentino busca que las transiciones defensa-ataque sean sorpresivas y ataquen la espalda de la última línea rival. Darle el balón al otro equipo es una decisión que Simeone toma conscientemente. A él no le interesa la posesión, solo le importa que cuando su equipo tenga el esférico, lo use de buena manera. Y con la intención de que si lo pierde, lo haga lejos de su propio arco.

Defienden los once. En un 4-4-1-1 (con Griezmann retrocediendo para dar una mano en defensa), el Atlético se hace impenetrable. Además, una vez toma ventaja, se entrega al máximo por defenderla. Simeone sabe que necesita un gol más que el rival para ganar, no mil toques más o mayor porcentaje de posesión. No por nada, desde su llegada, ha dejado su valla en cero en 198 de sus 374 partidos (dato del 03/05/2018) y ha conseguido que en 66 ocasiones el resultado del partido sea 1-0 a favor de sus dirigidos (datos vía @pedritonumeros).

Contra el Olympique, seguramente, la decisión sea la misma. Entregarle el balón al rival y dejar que sea el equipo francés quien tenga la iniciativa del encuentro. Simeone va a querer tener control del espacio y no del balón, buscando contrarrestar el muy buen armado que Rudi García ha conseguido, sobre todo con esa mezcla de jóvenes con jugadores experimentados que lo han hecho regresar a lo más alto del futbol europeo.

No lograría hacer ningún fichaje debido a la sanción de la FIFA y además quedaría eliminado en la primera fase de la Champions; por esos motivos, se instalaría en toda Europa, a mediados de esta temporada, un comentario acerca de que esta sería la última temporada de Simeone en el Atlético, que su ciclo había llegado al fin y que debía buscar nuevos horizontes. Meses después, al final de esa misma temporada, se encuentra segundo en la Liga y es finalista de Europa League. Se reinventaría, una vez más, y lo haría otra vez. ¿Le alcanzará para ser campeón?

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