Publicada el 18/04/2018

La llegada de Yeferson Soteldo a la Universidad de Chile le entregó al equipo de Guillermo Ángel Hoyos ese valor que lo ha llevado a encontrar las variantes ofensivas necesarias para competir al más alto nivel sudamericano.

Dentro de cada sistema y modelo de juego es necesario introducir un poco de anarquía. Es un valor para romper con lo preestablecido y marcar la diferencia de una manera disímil.

Hasta dentro del ataque posicional,  donde los movimientos de cada hombre deben ser ejecutados con un fin específico, es necesario dar espacio a una variante que rompa con esquemas defensivos o equipos replegados. Eso le entrega el joven venezolano al sistema de uno de los mejores equipos del país austral.

Dentro de su evolución dentro del balompié chileno, se ha inclinado a ser un jugador más decisivo que constructivo. Alejándose de lo que había mostrado en su estadía en su país donde era más asociativo, pero sin olvidarse del desequilibrio que genera con su gambeta. Ahora abandona la zona de gestación para ser desequilibrante en zonas más cercanas a la portería rival, parte del campo donde puede ser más importante, sobre todo dentro del sistema de su entrenador.

Dentro del esquema de Hoyos, el venezolano carece de algún tipo de restricción para moverse por todo el frente ofensivo y servir como un imán de defensores con la función de aglomerarlos y otorgarles ventajas a sus compañeros. Su destreza en el regate para salir de espacios reducidos lo ayuda a romper las defensas sobrepobladas del rival si no encuentra un pase claro para verticalizar. 

En un equipo donde se elabora de manera pausada las jugadas, es quien encuentra los espacios para romper y mirar hacia el arco rival. O, en otras de las variantes, ser quien en velocidad aproveche los balones largos a las zonas libres de rivales. Cuando se inmiscuye en salida siempre busca anticipar al marcador y llevarlo hacia la banda para poder romper por dentro con su buen manejo de los perfiles. Un leve cambio de ritmo lo deja de cara al arco rival y en velocidad, con la esférica pegada al pie, es casi imparable.

Como extremo o como volante, por dentro o por fuera, es una lanza imposible de predecir, por capacidad individual y por cómo se ha confeccionado un equipo donde él puede jugar con libertades.

El nacido en Portuguesa, una de las promesas más importantes del balompié sudamericano, ha conseguido potenciar el ataque de uno de los equipos más importantes del continente hasta el punto de ponerlo a la altura de los protagonistas más potentes de Sudamérica.