Jugar por arriba: la triste necesidad de las canchas sudamericanas



Circuitosaereos


Por: Diego Sancho (@SanchoDiegoo)

El juego aéreo supone un paradigma que algunos entrenadores no contemplan del todo. Si bien es importante saber tocar el balón de forma rasa, el espacio aéreo es ampliamente superior al suelo. Esto hace que sea más difícil interceptar un pase; y más fácil de completarlo en caso de que un rival marque al receptor deseado. Un pase bombeado es una solución técnica en casos específicos.

Dice el “Tata” Martino que en Paraguay hay una tendencia al juego aéreo por el mal estado de las canchas. Curiosamente, su Paraguay estrenó las redes en la Copa del Mundo de Sudáfrica con un cabezazo de tiro libre indirecto ante Italia, que venía de salir campeona el año pasado. Porque hay equipos que no pueden renunciar a su identidad.

Otros intentan desarrollar habilidades. Por ejemplo el Brígido Iriarte debe ser actualmente un infierno para los equipos que busquen conducir el balón. No es de extrañar ver que los que juegan de local allí han buscado soluciones aéreas tanto para crear y rematar al arco.

Ya entrados en el juego aéreo, la altura es un elemento importante, pero que no puede cegar nuestro juicio. Que un futbolista sea alto no quiere decir que sepa aprovechar su cabeceo o su posicionamiento a la hora de recibir pases por aire. Sin embargo no es común ver que en varias acciones a balón parado suelen subir al área los altos y los más bajos quedan para el rebote o la defensa circunstancial.

Por lo general se estila que existan uno o dos elementos de al menos 1,80 metros de altura por línea. De esta manera es posible progresar en caso de que varios rebotes accidenten la circulación rasa del esférico. El pivoteo suelen darlo jugadores con capacidades técnicas para pluralizar rápidamente una recepción. Por eso el  4-1-4-1 es común en los saques de meta: hay un posible receptor protegido por dos líneas de cuatro, de modo que pudiera tener hasta ocho pases aéreo disponibles. 

Se puede pensar en jugadores de banda, por lo general ligeros, con poca o ninguna intervención por aire. Por lo general, los que van por las bandas requieren ser bajos y ligeros para ganar velocidad, mientras que los altos necesitan también ser fuertes para ganar por arriba y desplazar con cargas a los rivales. Por eso los defensas centrales y delanteros, que suelen ir por el carril central, son los más altos de un equipo.

Aunque los circuitos aéreo no tengan un rol determinante en los modelos de juego élite – el Barcelona de Guardiola ganó cada título posible y apoyaba ese apartado en su dupla de centrales- estos están presentes en cada partido de fútbol. Se puede tildar de azaroso porque tiene que ver con los segundos balones, pero sería falacia; esta circunstancia es completamente natural.  Para dosificar técnicamente a una plantilla, una opción puede ser hacer que jueguen una partida de “futvolley”, que mezcla la técnica del fútbol con las dimensiones del voleibol.

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