Juan Manuel Navarrete (@JM_navarrete)

Algunos seres vivos durante su proceso evolutivo sufren cambios, los cuales se pueden ver reflejados tanto en su forma física como en sus funciones para interactuar y relacionarse con el ambiente que los rodea. Esto, por ende, abre la posibilidad para nuevos comportamientos.

En este caso podemos analizar el nuevo rol y comportamiento que Javier Hernández está expresando con el West Ham y sobre todo con la Selección Mexicana.

Chicharito, desde sus inicios, siempre se catalogó como un centro delantero de área, finalizador. Contaba con una grandísima capacidad para interpretar la jugada y saber dónde podía encontrar una situación de remate, así como un potentísimo desmarque de ruptura que lo hacían apetecible tanto en contextos de ataques de posicional para romper una defensa cerrada, como para escenarios de transición, donde gracias a su aceleración y lectura de espacios vacíos podía marcar diferencia en un contraataque.

Por otro lado, Hernández Balcázar, siempre tuvo registros con un amplio margen de mejora. El primero: la parte técnica tanto para recibir en un solo tiempo como para poder jugar de primera intención con pases tensos y bien direccionados.

El segundo: la parte táctica que envolvía la hiperactividad que lo caracteriza. Si bien no es negativo este rasgo mal canalizada si puede llegar a serlo, ya que puede desorganizar al equipo en ataque posicional encimandose con sus compañeros, ocupando ejes y alturas no efectivos o simplemente no ocupando su zona de mayor influencia.

La mezcla de ambos puntos podía derivar en restarle calidad a las posesiones y en algunos casos en pérdidas en zonas altas del campo que terminaban haciendo al equipo correr hacia atrás; es decir, en desventaja posicional.

Sin embargo, el ser humano al ser un sistema dinámico significa que está en constante evolución; mientras que sus roles se van ajustando de acuerdo al medio ambiente que lo rodea. Es por ello, que los últimos meses del oriundo de Guadalajara, México, ha sorprendido bastante con un nuevo comportamiento: jugar de espaldas y soltar para dejar de cara a portería rival a un compañero.

Desde la Copa Confederaciones hasta el último partido de eliminatoria mundialista que jugó ante Trinidad y Tobago en San Luis, el 14 azteca, ha sabido auto-regular su hiperactividad para ponerla al servicio del equipo. Esto aunado a la lectura de juego que la madurez le ha dado, Chicharito, ha entendido como moverse entre líneas y reconocerse como hombre libre para luego sacar provecho de esto ayudando a México a ganar metros por el carril interior e inclusive juntar a sus compañeros y pases en zonas altas.

En este comportamiento también podemos notar una cierta mejoría en la calidad de los pases. Y es que sí bien aún tiene problemas para asentar bien el golpeo, lo cierto es que sus servicios tienen un mejor contenido. Desde la tensión hasta a quién va dirigido el pase, el cual normalmente activa a un tercer hombre, a un compañero que llega desde segunda línea y en ventaja posicional: de cara a portería contraria, una de las cosas más importantes en el fútbol y más difíciles de lograr.

Esta metamorfosis que evidencia Hernández puede ser interpretada de varias formas; sin embargo, el contexto en el que está sumergido, especialmente en el equipo de Juan Carlos Osorio hace más propicios este tipo de comportamientos.

En primera instancia por la calidad de los entrenamientos del colombiano, quien seguramente ha re-educado a él y otros varios futbolistas aztecas por las constantes tareas con tomas de decisión, así como por la información que el mismo entrenador brinda a los jugadores.

Asimismo, la estructura del combinado mexicano -independientemente de la formación: 4-3-3, 3-4-3, 4-2-3-1, etc- sumergido en la cultura táctica del juego de posición/ubicación permite que sus componentes se expresen debido a las ventajas con las que reciben el balón.

La amplitud de los extremos o laterales generan mucho espacio interior para que los jugadores -entre ellos Chicharito- que ocupan esa zona jueguen con más espacio y comodidad.

El pase interior y vertical también es un factor que el delantero mexicano ha logrado aprovechar. Y es que El Tri tiene muy buenos pasadores desde el inicio de juego como Héctor Moreno, Rafa Márquez o Néstor Araujo y desde luego a Andrés Guardado y Héctor Herrera, quien desde que comenzó a ocupar el puesto de mediocentro dibuja constantes pases entre líneas llenos de tensión y ventajas para el receptor. Esto último permite la continuidad del juego y la consecución de más pases.

Asimismo, Javier con lo eléctrico y ligero que es tiene la facilidad para moverse por el intervalo entre los mediocampistas y defensas rivales; muchas veces aprovechando que los primeros están fijados por los interiores mexicanos como Guardado, Jonathan Dos Santos/Giovani Dos Santos o Héctor Herrera, mismos que después se aprovechan del pase atrasado de Hernández.

Chicharito aún tiene aspectos que mejorar como el girar entre líneas una vez que recibe o bien aumentar la calidad del pase, especialmente para jugar en un solo tiempo; sin embargo, está faceta mostrada por el ariete es alentadora para el juego colectivo de México, quien busca comunicarse a través del pase. 


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