Juan Pablo Gatti (@GattiJuan)

El día no vaticinaba buenos augurios, ese martes 10 de octubre del 2009, el cielo estaba encapotado, triste y con ganas de largarlo todo sobre la gente que estaba viajando rumbo al Monumental de Núñez, ese coloso que intimida cuando juega River Plate, pero que se mantiene bastante más callado cuando el que ejerce de local es la Argentina. 

Más que nunca se necesitaba de ese aliento, ya que si bien el rival, Perú, llegaba eliminado, la albiceleste estaba con la soga al cuello por primera vez desde que las eliminatorias se jugaban con el formato de todos contra todos.

Después de un arranque a todo vapor, ganando los tres primeros partidos (2-0 a Chile, 0-2 a Venezuela y 3-0 a Bolivia), la Argentina de Alfio Basile comenzó a tener un rendimiento irregular, lo que lo hizo bajar algunos escalones en la tabla, al punto tal de que el Coco optó por dimitir luego de caer ante Chile en Santiago al inicio de la segunda vuelta. Según él, no observó compromiso por parte de los jugadores. Pero quien llegó a la dirección técnica del “equipo de todos” fue una bomba total: Diego Armando Maradona, uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos, aunque con un historial como entrenador corto y muy triste.  

Si bien Maradona le daría rodaje a varios campeones olímpicos, en el proceso perdería de entrada a uno de los mejores exponentes del grupo: Juan Román Riquelme, quien, por “códigos”, había decidido respaldar a Basile y bajarse él mismo del Mundial. Y esta sería una pérdida que se sentiría más adelante.

En Perú, las cosas tampoco marchaban bien, el entrenador era José Guillermo del Solar, quien solo estuvo al frente del seleccionado entre el 2007 y el final de las eliminatorias rumbo a Sudáfrica 2010, algo que no era ni sería para nada novedoso, ya que en toda su historia el combinado incaico nunca mantuvo al mismo entrenador durante todo un ciclo mundialista. Además su último destello de esperanza lo habían perdido en la jornada previa a este duelo, al caer en Puerto La Cruz ante Venezuela por 3-1. 

Dentro de los Argentina v Perú por Eliminatorias este sería un duelo ajeno a la historia previa, ya que los chicos de la banda roja llegaban sin chances y buscando comenzar prontamente un nuevo ciclo; pero las urgencias y los nervios del local terminarían por condimentar un partido que quedó en la historia por su epicidad.

Los equipos:
Argentina: Romero, Emiliano Insua, Schiavi, Heinze, Jonas Gutiérrez; Di Maria, Enzo Pérez, Mascherano, Aimar; Messi, Higuaín. DT: Diego Armando Maradona.

Perú: Butrón, Prado, Zambrano, Alberto Rodríguez, Vílchez; Solano, Torres, Ballón, Juan Vargas; Fano y Luis Ramírez. DT: José del Solar.



Con el estadio sin llenarse, la selección argentina salió hecho una tromba dispuesto a comerse a su rival. Maradona plantó en cancha un once con mucha calidad y llegada, tanto por las bandas como por el centro, siendo la dupla Messi-Aimar la más esperada para ver. 

Pero los fallos y las salvadas de Butrón se sucedieron casi de manera simultánea, sumando todavía más nerviosidad al conjunto local, que, pese a tener un plantel muchísimo más valorado que el de su descartado rival, veía con impotencia el devenir del encuentro. Como pasa en las actuales eliminatorias, el déficit de gol se hacía sentir, y mucho.

El Diez pensó entonces -una vez en el vestuario- que necesitaba revolver las aguas en busca de un milagro y lo llamó a Martin Palermo, a quien le dio una orden: ser el salvador. 

La segunda mitad comenzó, entonces, con el 9 de Boca en cancha en lugar de Enzo Pérez, por lo que el planteamiento pasó a ser más agresivo. Así llegó el primer tanto del match, Aimar lo dejó solo al Pipita Higuaín, que definió con toda su clase para, por fin, romper la resistencia peruana.

Pero si de algo hay que aprender en la historia de los duelos entre argentinos y peruanos es que nunca hay que dar por muerto a ninguno de los dos, porque siempre van a tener algo debajo de la manga.

El local cometió un error que casi le cuesta la vida; ya que en vez de seguir atacando en búsqueda de ese bendito segundo gol para tranquilizar, se terminó replegando, lo que le dio oportunidad a Perú de salir del asedio y buscar el empate. Además, para sumarle más épica, cerca del final del encuentro ese cielo triste terminó por derramar todas sus lágrimas, haciendo casi imposible ver que era lo que sucedía en el verde césped. 

Y lo que pasó fue que al minuto 89 Rengifo marcó de cabeza y calló a todo el estadio. Como en 1969. Perú dio un golpe de gracia a las aspiraciones mundialistas de una selección argentina, que se ubicaría en zona de repechaje pero que sabía que aún podía caer más, ya que su siguiente rival sería un Uruguay necesitado en el Centenario. 

Ese gol marcó una seguidilla de hechos de alto impacto, difíciles de olvidar para el hincha nacional que vivió ese duelo. Lluvia, viento, ojos que no ven, corazones que ya no podían sentir y nervios que dejaban a más de uno cerca del infarto. De todo se vivía en esas tribunas y abajo en la cancha también. Perú le había dado una puñalada en el pecho al onceno de Messi (quien intentó de todo, pero nada pudo hacer para romper la valla defendida por Butrón) y la Argentina yacía convaleciente en el piso, casi a punto de morir. 

Hasta que en el minuto 93 apareció él, el goleador de leyenda, el optimista del gol, el delantero de leyenda. En una jugada muy sucia, donde todos tiraban centros buscando algún pie, apareció Martin Palermo para empujar un justamente un “buscapié” de Federico Insúa para poner el heroico 2-1. Su posterior festejo sacándose la camiseta y besándose los brazos (por sus hijos) y el “piletazo” de Maradona debajo de los baldes de agua helada que caían del cielo ya forman parte de la iconografía de la selección. Era la reedición del gol del Tigre Gareca de 1985. Era otro milagro de San Palermo. 

Pero las emociones no finalizarían allí, ya que antes de que finalizase el encuentro habría tiempo hasta para un tiro al travesaño por el lado peruano, que casi termina por romper a los pocos corazones sanos.

La selección argentina aún debía viajar a Montevideo para enfrentarse a Uruguay en un duelo cargado de emoción, pero la primera parte del trabajo ya estaba hecha. Y se consiguió de la manera más cinematográfica posible. Como le corresponde a la buena historia de estos enfrentamientos.



¿Qué pasó después?

Para Perú estas Eliminatorias serían tocar fondo de manera definitiva. Habían pasado de ser uno de los mejores 15 países a nivel mundial durante las décadas del 70 y 80 a pasar sin pena ni gloria hasta por los distintos certámenes sudamericanos. Pero esa suerte comenzó a cambiar cuando el recambio comenzó a dar sus frutos. En las Copas América del 2011 y 2015 el seleccionado peruano finalizaría nada menos que en el tercer lugar, su mejor colocación desde que alcanzaran las semifinales en 1997. En las clasificatorias rumbo a Brasil 2014 terminarían en el séptimo lugar y siguieron profundizando el modelo, que se terminó de definir con la llegada de Gareca, el verdugo del 85. Ahora llegan a este duelo decisivo en la Bombonera ante la Argentina con la esperanza de volver a un Mundial desde 1982.

Los dirigidos por Maradona lograron su pase al torneo a disputarse en tierras africanas al derrotar en el clásico a Uruguay por 0-1. En este certamen la Argentina pasó sin apuros la fase de grupos, al sacarse de encima a Nigeria, Corea del Sur y Grecia (con otro gol épico de Palermo), y luego bajaría a México en octavos por 3-1 en un duelo cargado de polémicas. En cuartos de final Alemania barrería con las ilusiones albicelestes con un inapelable 0-4. 

La deriva continuaría durante el ciclo de Sergio Batista, quedándose incluso afuera en cuartos de la final ante el conjunto charrúa en la Copa América disputada como local. Sería Alejandro Sabella el que tomaría la posta y, bajo su mandato (y contra todo pronóstico) el equipo de Messi lograría, por fin, romper la barrera de los cinco partidos en Mundiales, que no superaba desde Italia 1990. Si bien perdería la final ante Alemania (que venía de meterle nada menos que siete goles a Brasil en semifinales) por 0-1, el onceno dejó un muy grato recuerdo. Luego llegarían dos finales en Copas Américas de manera consecutiva -ambas perdidas ante Chile-, y el recambio de dirigentes (luego de la muerte de Julio Grondona, quien estaba en el poder desde 1979) y entrenadores, lo que le quitó identidad a los albicelestes, que llegan ahora con más urgencias que su rival a este trascendental choque.

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