Agustín Vigo (@agusvigo)

La aparición de Jorge Sampaoli como DT de Argentina en reemplazo de Bauza, suponía un gran cambio. El anterior entrenador proponía un  estilo de juego equilibrado, donde el ataque y la defensa estén cuidados, nunca arriesgando demasiado y con una base importante en el mediocampo. De aquel estilo de juego, Argentina pasó a jugar con línea de tres defensores, cuatro mediocampistas y tres delanteros, una modificación radical del esquema y la propuesta.

El principal objetivo del equipo argentino era obtener la posesión de la pelota, jugar corto, pasar para avanzar y generar espacios con la movilidad para llegar a situación de gol. Los primeros puntos clave fueron llevados a cabo a la perfección, la superioridad en la posesión fue evidente y los pases de Argentina fueron 619 contra 157 de Uruguay. Quien mayor cantidad de pases concretó fue Pizarro, seguido por Otamendi, lo cual da el indicio que los pases se dieron en zona lejana al arco rival, los mismos fueron en su gran mayoría hacia el lateral o hacia atrás, lo cual demuestra la falta de pases verticales que rompan la doble línea de cuatro propuesta por el equipo local.


La defensa argentina tuvo un buen rendimiento, fueron pocas las veces que Uruguay llegó al arco de Romero y muchas menos las que encontró mal parados a los tres del fondo. La ayuda de Acuña por derecha y Di María por izquierda fueron claves en el reposicionamiento para no quedar desequilibrados ante un contragolpe uruguayo. Asimismo fue muy importante el trabajo de Otamendi y Mercado para adelantarse y presionar sobre la salida o el pelotazo para Cavani y Suárez, siempre controlados por ellos dos y Fazio.


En cuanto al mediocampo, Biglia y Pizarro se encargaban de acercarse a los defensores para salir con claridad y llevar la pelota hacia arriba. Ambos tocaron mucho el balón pero en la mayoría de los casos eligieron o no pudieron dar pases hacia adelante que rompan el mediocampo rival para encontrar a los delanteros. El gran déficit de Argentina fue la falta de cambio de ritmo en mitad de cancha y tres cuartos rival, cambio de ritmo y conexiones entre sus medios y delanteros.

Messi se desprendió de la línea de ataque para colaborar con los medios en muchas ocasiones, de esa manera tomaba posesión de la pelota de frente al arco, aunque muy lejos. Fue el mejor de la cancha, se encargó de poner al equipo en ataque y variando su posición en todo el ancho, buscó desordenar a la defensa rival. Sin embargo estuvo ausente la sociedad entre el mejor del mundo, Dybala e Icardi, los tres temibles delanteros que se encontraron muy poco. Gran parte de la responsabilidad de aquello fue la gran defensa uruguaya que defendió en propio campo y con las líneas muy cortas, evitando darle tiempo y espacio a los habilidosos jugadores argentinos.


De esta manera Argentina jugó en Montevideo, siendo protagonista del partido, se hizo cargo de la situación y obligó a Uruguay a replegarse en su campo. Ante un esquema tan ofensivo, se preveían problemas defensivos que no fueron tales, sorprendentemente los problemas fueron en ataque. El cambio de esquema fue radical, desde la llegada del nuevo DT, Argentina se hará cargo de todos los partidos y propondrá atacar como premisa principal. Restan tres partidos de mucha importancia, la presión es enorme y la nueva propuesta futbolística está en proceso ¿Llegará el buen juego acompañado de resultados?



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