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Diego Sancho (@SanchoDiegoo)

Cada vez que un equipo paceño demuestra que es capaz de competir fuera de la altura, todo el continente toma nota. Porque jugar en La Paz no es fácil. Ciudades como Quito o Bogotá están a más de 2500 metros de altura; la capital boliviana, a 3600. Muchos equipos alteran su logística habitual para llegar allá en las mejores condiciones al partido en el altiplano. Pero si el ritmo de juego se torna intenso allá arriba, los locales pueden tener varios factores a favor.

La última vez que un equipo boliviano hizo ruido en Sudamérica fue aquel Bolívar de Azkargorta, en el 2014. Llegaron a semifinal de Copa Libertadores ante, a la postre campeón, San Lorenzo de “Patón” Bauza. No es lo mismo un partido de seis en la altura a jugar una llave de ida y vuelta sabiendo que debe disputarse un partido en la acrópolis del continente. Venimos de un Sudamericano Sub-20 en el que los equipos que mejor rindieron fueron los que más tiempo se prepararon en la altura. La dificultad aumenta si se va a jugar contra un equipo que use toda la cancha.

Eso es exactamente lo que hace el The Strongest de César Farías. Cuando inician la jugada desde el fondo, los dos centrales buscan la salida lateral. Marvin y Diego Bejarano, los laterales del equipo, se ubican cerca  de la raya para recibir y conducir el balón por afuera. Haciendo esto amplían la cancha para que las líneas defensivas del rival tengan que abrirse a los costados y que aparezcan más espacios. Ventilar juego por las bandas solo tiene sentido si luego busca penetrar por el centro. Dicen que en el fútbol gana quien mejor engaña.


Pero es tal el despliegue de Diego y Marvin que pueden ser carrileros y hasta extremos. De hecho Diego Bejarano posee una gran pegada de larga distancia y llega con frecuencia a rematar entre los tres palos. En la idea del técnico venezolano, los zagueros equilibran el sistema con apoyos a cualquier altura. Los jugadores que busquen referenciar a los creadores de juego aurinegros deben sacrificar mucho recorrido, porque son muy dinámicos. Es una de las posturas más sólidas que ha tenido Farías, que siempre se ha caracterizado por decisiones lúdicas afines al bilardismo.

Si eso sumamos el trabajo que realiza Alejandro Chumacero por el carril central para recibir abierto, hablamos de un equipo con capacidad para desbordar por toda la cancha con mucho presupuesto físico. El pelirrojo, con su ritmo de ida y vuelta es ese que crea un puente de la mitad de la cancha propia a la ajena, con interesante profundidad. Es la estrella del equipo.

No es casualidad que con esta idea hayan salido campeones el semestre pasado, es más probable ganar títulos jugando bien. Entendiendo que jugar bien es utilizar correctamente las virtudes de cada elemento en pro del colectivo. En el caso del cuadro atigrado, el volumen de juego que impone su equipo obligará a muchos equipos a correr mucho sin la pelota para marcar adecuadamente. Esto causará desgaste, del cual The Strongest podría sacar provecho. 

Farías tiene una oportunidad de dar el golpe sobre la mesa, desde Bolivia, para toda Sudamérica. Para encaminarse a ello necesita jugar bien ante Unión Española.

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