Levantan el cartel y la placa muestra el 10. Se saca la cinta de capitán y camina paulatinamente hacia un lado en la mitad de cancha. Mirando el verde césped, emocionado, logra distinguir en un palco a su familia a la cual saluda. Abrazo con Guillermo, primero, y con sus compañeros, después. Desconsuelo total en el banco de suplentes. Llorando con su camiseta en la mano, Carlos Tevez recibe el cariño de todos mientras la Bombonera se une en un solo grito: “Carlitos es de Boca y de Boca no se va”.



Matias Sabini (@SabiniMaty)


Llegó la noche y pareciera que la vida entendiera a la perfección las sensaciones del hincha de Boca. Lluvia en todo Buenos Aires y, lógicamente, también en el barrio porteño de La Boca. En Brandsen 805 se siente más. La lluvia refleja las lágrimas de los que se hicieron presente para que no se vaya y continúe, al menos, hasta junio y finalice su contrato.

Fueron 525 días su segunda etapa en Boca. Desde aquella noche del 13 de julio de 2015 cuando fue presentado en una Bombonera que desbordaba de gente, solo para volver a verlo con la camiseta de sus amores, hasta su último partido ante Colón donde se dio el lujo de asistir, hacer un gol y redondear un encuentro excelente por donde se lo mire.

Sin embargo, en el balance hay de todo. Quedará en memoria el último semestre del año pasado, cuando se puso el equipo al hombro y logró conseguir el Torneo de Primera División y la Copa Argentina, demostrando estar en maravillosas condiciones para ser un líder dentro y fuera del campo de juego. Pero también será recordada la eliminación de la Copa Libertadores -algo que pegó muy duro, a tal punto que se replanteó continuar- y no poder conseguir un boleto en la Copa Argentina para la próxima edición de certamen más importante de América. 


Pero Carlitos decidió finalizar el año. Y vaya si lo hizo bien. Terminó como máximo goleador de Boca con 16 tantos y primero en la lista de asistidores del torneo con 7 pases-gol. Ah, y como si fuera poco, redondeó una seguidilla de clásicos a nivel preeminente. El más importante, claro, fue el Superclásico. El mejor de su carrera. Anotó dos goles y fue la extraordinaria y fenomenal figura del partido, enmudeciendo -una vez más- el Monumental de Nuñez.

Pero Carlitos se va. Y aunque las despedidas suelen ser agridulces, el Mundo Boca entendió que luego de todas las problemáticas que suceden puertas adentro y con varios sectores del periodismo, el 10 junto a su familia necesitan estar mejor.

Caminata lenta hacia el túnel que lo desembocará en el vestuario luego de su último partido, tomándose con el brazo derecho el escudo de su vida que lo enlaza con el corazón, levantando su mano izquierda y despidiéndose de ellos, de los mismos que hace un año y medio llenaron la Bombonera para darle la bienvenida y ahora, compartiendo lágrimas y sensaciones difíciles de explicar, para decirle hasta luego. No adiós. Porque Carlitos es de Boca y de Boca nunca se irá.

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