Por Vanesa Doretti (@VanesaDoretti)

Para poder entenderlo analicemos el juego y el contexto. El Millonario venía de conseguir un empate ante Defensa y Justicia, en un partido por demás de atractivo, y Vélez llegaba al Monumental sin su técnico Christian Basedas y sin poder encontrar el rumbo futbolístico. Para empeorar el panorama, apenas transcurridos ocho minutos de juego, el Fortín se quedó con 10 hombres producto de la discutible expulsión de Blas Cáceres.

River comenzó el encuentro encendido, las principales acciones se gestaron a través de desbordes por ambas bandas: con Fernández, Andrade y Moreira. Vélez antes de la expulsión intentaba avanzar, pero no pudo más allá de tres cuartos de cancha. Después se replegó y esperaba el contragolpe.


Vélez le cedió la pelota a River y achicó hacia atrás, debido a la inferioridad numérica.

El local tenía la posesión del balón, pero a pesar de eso y de la ventaja de un hombre más, muchas veces fue improductiva. Una vez que llega el primer gol de Driussi (figura), tras el primer cuarto de hora, el partido se estancó. Pero no pasemos por alto ese momento. El mismo se concibe gracias a una escalada de Mina (de muy buena labor), el defensor ecuatoriano, que sube hasta la puerta del área y le da un pase a Alario; su remate fue tapado por Aguerre. Tras el rebote, le queda a Driussi y define a la red. En este torneo, Gallardo puso a Sebastián en la posición que mejor le sienta (delantero) y el juvenil está cumpliendo con creces.



A partir de ahí, el encuentro tuvo una meseta. River fue mejorando la precisión en los pases. En esta oportunidad hubo toques cortos, pases largos, cambios de frente. Pero lo que todavía le queda pendiente es amalgamar todas las líneas, que el equipo sea compacto. Frente a Vélez fue muy largo. La clave pasa por el mediocampo. Ponzio queda muy solo en el círculo central y los otros volantes bien abiertos. Fue presionado en algunos momentos; tuvo algunas imprecisiones y en otros casos resolvió bien o con lo justo. No es novedad que queda un equipo largo, le ha pasado en fechas anteriores.

Transcurrían los minutos sin generación de peligro y cuando estaba por culminar el primer tiempo, Nasuti derribó a Driussi en el área y el árbitro pitó penal. Alario falló en primera instancia; el asistente levantó el banderín, indicando que el arquero se adelantó, y en su segundo disparo convirtió el gol para acrecentar el mal momento que está atravesando el Fortín.



En el complemento, durante los primeros minutos, Vélez se animó a avanzar, pero sin profundidad. River estaba tranquilo por el resultado y la superioridad numérica. Se despertó a los 10’, cuando Driussi convirtió el tercer tanto.



A diferencia de otros partidos, D’Alessandro estuvo más adelantado en el campo, pudiendo conducir el balón. Tal fue el caso del mencionado gol, donde el Cabezón asistió al juvenil y éste sentenció el partido.

Con el ingreso de Domingo, el local no mejoró el mediocampo. El jugador no tuvo un buen desempeño. Para ser justos, con los cambios no se compactó el equipo ni la posesión improductiva, se convirtió en productiva. Probablemente, esto pasará desapercibido por el resultado, pero debemos ser puntillosos y afilar el ojo. Seguramente Gallardo, sí se fijará.

En conclusión, River fue superior y mereció ganar con esa contundencia pronunciada. Respondiendo la pregunta inicial, a mi entender, gustó por momentos. No es por desmerecer el trabajo del Millonario, pero quedó la sensación de que la goleada pudo haber sido más abultada, teniendo en cuenta las condiciones del rival. Por otra parte, no logra unir las líneas. Hoy no lo sintió por la debilidad de Vélez, pero más adelante lo puede sentir. El vaso está lleno hasta tres cuartos, como sucedió varias veces en el partido que ese fue el tope. Dependerá del Muñeco terminar de llenarlo. La exigencia es alta; Gallardo así lo estableció desde que agarró el timón.

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