Por: Luis Suárez (@Luije77)

Dentro del imaginario popular, "hábito" debe estar en el top de las palabras que se les repiten a los chicos en su etapa formativa. La Real Academia Española define el concepto mencionado como: “Modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas”. Analizando el término y extrapolándolo al fútbol, la figura del defensor -en cualquiera de sus variantes- se apega directamente a la necesidad de ejecutar un plan de análisis de rival y de cómo responder en determinados momentos. En síntesis, estudiar el fútbol.

En 2008, Nicolás Hernán Gonzalo Otamendi debutó en el primer equipo de Vélez Sarsfield. Allí, de la mano de uno de los expertos más minuciosos del fútbol de formación, Hugo Tocalli, y uno de los ejecutores de la gran evolución de Vélez durante su estancia, Ricardo Gareca, el chico nacido en 1988 se convirtió en indiscutible e incluso pudo salir campeón con el club de Liniers. Solo unos meses antes del título, estuvo cerca de ser dejado en libertad por Vélez, gracias a la abundancia de centrales en reserva. Estar rodeados de futbolistas y técnicos experimentados lo potenció a lo que hoy es.



En Portugual, compartió con André Villas Boas y sus muchachos: James Rodríguez, Joao Moutinho, Fernando Belluschi, Radamel Falcao, Freddy Guarín, Christian Rodríguez... En España, con el Valencia aprendió que puede liderar una defensa sin problemas, si tiene un buen compañero al lado, como Shkodran Mustafi. Ahora, estar a las órdenes de Guardiola requiere ser un súper dotado del trabajo, el entendimiento y la concentración. Cada movimiento sobre el terreno en un esquema del catalán significa algo, a menos de que el jugador se tome licencias para “delinquir” y se llame Lionel Messi.

El juego del defensor que hace vida en la Premier League con el Manchester City de Guardiola y la Selección Argentina, llena las pupilas de quienes se detienen a analizar la importancia de su presencia en el campo. El fútbol argentino cada vez menos depende de los grandes -sin inmiscuirse en otros tópicos-. Desde que el número 30 dejó Buenos Aires con destino a Oporto, se convirtió en ídolo, sin alardear mucho y sudando bastante. Independientemente del rival que enfrente, aplica el mismo precepto para proteger su zona: Agresividad para dejarle al contrario el balón el menor tiempo posible para pensar y jugar.

El cerebro es una parte del fútbol subestimada por quienes confían todo en el físico. Sin embargo, el lóbulo frontal, el encargado del razonamiento y la predicción de situaciones, trabaja a su máxima capacidad cuando se está a disposición de un entrenador tan exigente como el citado. Otamendi no tiene inconvenientes en ser el defensor que se barre in extremis e inmediatamente sale de manera elegante como la primera vía de escape citizen.Aun así, Guardiola piensa en dosificar su premura. “No me gusta cuando el central va al suelo. Estamos aquí para hacerlo mejor”, dijo el cantalán luego de golear al Steaua Bucarest en Champions. Aun así, Guardiola piensa en dosificar su premura. “No me gusta cuando el central va al suelo. Estamos aquí para hacerlo mejor”, dijo el cantalán luego de golear al Steaua Bucarest en Champions.

 

El defensor top debe ser integral. Corte, velocidad, pase, cambio de juego y capacidad para sumarse al ataque están en la lista de aptitudes intrínsecas que poseen los jugadores de zona uno que habitualmente se ven en la lista de los mejores. No solo se trata de defender, sino de hacer mejor al equipo con la presencia de determinado jugador en el terreno. La inteligencia de Otamendi radica en la anticipación. Esa virtud tiene origen en el renglón cognitivo. Amalia Revuelta, psicóloga deportiva, sintetiza el concepto de tiempo de reacción como la comprensión de lo entrenado para, posteriormente, tomar decisiones.

“El objetivo es siempre el mismo: Tornar cerebral la dinámica comportamental que es la organización, que es filosofía, que es emoción. Crear intenciones y hábitos. Tornar consciente y después subconsciente un conjunto de principios de manera de exponenciar naturalmente una determinada forma de Jugar”, decía Rui Faria. Ello conlleva, de nuevo, al estudio del fútbol como un proceso de toma de decisiones repetidas en determinadas ocasiones, sobre todo para los defensores. Otamendi piensa, actúaa y ejecuta más rápido que el promedio de sus pares.


Números en la victoria sobre Manchester United
Asumir la responsabilidad defensiva es poner en riesgo la integridad personal y externa. Habitualmente, los fallos en defensa suelen ser irreparables. La velocidad con la que debe pensar el jugador debe anticipar a la de su opresor, porque no depende de movimientos propios, sino de reacciones contrarias. El hábito reduce el riesgo de fallar. Predecir qué puede hacer un jugador con el balón en los pies carece de objetividad, pero puede ser medianamente predecible si se aplica tiempo en ello. La dedicación del nacido en el Talar de Pacheco lo tiene en la cima de su profesión.

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