Víctor Grao (@VictorGrao)


La era de Pablo Guede en San Lorenzo no comenzó de la mejor manera. Tras 8 jornadas era séptimo en la zona 2 del fútbol argentino. Para esa misma fecha había quedado eliminado de la fase de grupos de la Copa Libertadores y las dudas iniciaban en el barrio de Boedo.

Una racha de siete victorias consecutivas lo colocaron segundo y, finalmente, se quedaría con su grupo en Argentina. Misma situación que vivió en Chile con Palestino: de 11 partidos ganaron 10 y los clasificó a la Libertadores luego de 30 años de ausencia. Al parecer la “idea Guede” tarda en asimilarse, pero una vez que se logra, la evolución habla con lenguaje de resultados.


En Colo Colo hay dudas. Haber iniciado con solo 6 puntos 18 preocuparía hasta a los parientes más cercanos de Guede. Más en un club grande como lo es el albo. Pero la situación no radica allí. Va más allá: ganaron el clásico contra la Universidad de Chile y los movimientos en cancha se reafirmaron en el marcador, situación que había sido esquiva. El golpe anímico y la racha con su firma patentada parece que podría dar inicio en la octava jornada del fútbol chileno.

La victoria 2-0 sobre la U generó un premio a los ojos de los espectadores: triangulaciones, juego con la pelota, creación de espacios y salida limpia. Guede trabaja a diario en ello. Un entrenador que se para a las 6 a.m. y se acuesta a las 8 p.m. trabajando, según sus propias palabras.

En los entrenamientos trabaja en función al juego. Generar movimientos para ser utilizados en los partidos, entre ellos, en función al juego de posición, dinámica que se aplica al rol de mantener su sector de la cancha, pero ejerciendo la rapidez física y mental en el movimiento.

El sello Guede viene inculcado en la asfixiante marca en la recuperación del balón, sumado a la superioridad numérica para la generación de oportunidades en ofensiva. La tenencia también es parte de sí, pero no necesariamente indispensable en su juego.

En el partido contra la U, Colo Colo estableció un patrón de juego de asfixiar al rival, buscando la equivocación, robo de esférico, superioridad numérica y conclusión de la jugada con toques de primera. Hay un video que lo refleja a la perfección:



Además, en el video se refleja el uso de los triángulos de Guede, que tanto le gusta aplicar. Un modelo “copiado” de Guardiola y su paso por España. El tener los triángulos, te genera una cierta ventaja en cuanto a los posibles receptores de cara a la tenencia del esférico.


El equilibrio

El conjunto albo tiene un jugador indispensable en el plantel. Tal como en antaño lo era Ortigoza en San Lorenzo, lo es Esteban Pavez en Colo Colo. La salida, el primer toque, el juego limpio y la velocidad mental se lo otorga al conjunto de Pablo Guede. Es por ello que, entre otras cosas, es el segundo jugador con más minutos en el plantel, tras Paredes.

En su momento, el entrenador argentino comentó sobre su preferencia por jugar el sistema 4-1-3-2, aunque el equipo genera un desorden natural en la cancha variando el esquema inicial, ese es su “número telefónico” favorito: “Una cosa es lo que me gusta y otra es la que nos conviene. El 4-1-3-2 te da muchas opciones. Al fijar a los dos centrales el equipo contrario tiene problemas y al jugar con tres mediapuntas ayuda”. Ese “1” en el sistema lo ocupa Pavez.


Por su parte, la presión comentada anteriormente es aplicada de manera territorial. El tener mayor cantidad de efectivos en un sector de la cancha, implica tener una ventaja numérica sobre el rival. Una vez ganado el balón, desahogar para el sector de la cancha opuesto, para buscar otro panorama.



Pablo Guede está inculcando su fútbol de a poco en Colo Colo. La paciencia, propia del fútbol austral en confiar en los proyectos a largo plazo le va de la mano de cara al resto del torneo que está en sus primeras de cambio, pero que tiene varios serios contendientes. El argentino, meticulosamente, estudia a los rivales, buscando las imperfecciones para potenciar sus virtudes en función a las debilidades contrarias. Con esta premisa, Guede intentará poner su sello en el albo.


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