Gonzalo Rodríguez (@Delapigonza)

Bajo el mando de Ricardo Gareca, la selección peruana de fútbol ha demostrado –en la última Copa América y ante Ecuador y Argentina- que dotarse de identidad no es un imposible. Aunque no en todos los encuentros, dentro de sus logros está el admitirse inferior y habernos convertido en una selección tácticamente ordenada y competitiva; sin embargo, la ‘blanquirroja’ se amilanó ante un Chile muy lejos de su mejor versión y le brindó todas las facilidades para recuperarse tras haber logrado solo 1 de los últimos 9 puntos.

A deducir por la alineación inicial, Gareca intuyó que el rival querría tener el balón para poder controlar el juego, por lo que habría que aplicar una presión alta para recuperarlo y buscar que hacer daño a partir de ahí. No obstante, se equivocó al elegir a Lobatón –ajeno al ritmo internacional- como el llamado a distribuir y a pausar cuando necesario. Se equivocó, además, al colocar a Ávila como una mejor opción de ataque que Benavente ¿Por qué?



Simple. Para poseer la pelota y darle claridad a la salida primero hay que recuperarla. Por definición, además, para atacar a un oponente que es dueño del balón, antes hay que ser inteligente para defender. El del Sporting Cristal no fue un buen relevo para Renato Tapia ni para Aldo Corzo y el del LDU de Quito solo supo correr detrás del balón y del jugador rival que pasara cerca.

Carlos Lobatón no pudo sacar a relucir su mayor virtud porque el rigor que supone enfrentar a Chile lo superó con creces, nunca se encontró en el campo y llegó tarde a cuanto relevo tuvo que hacer. Irven Ávila por su parte, no tiene la misma formación de Christian Benavente y, por tanto, se le vio distraído ante tan bien practicados movimientos chilenos; entre perseguir inútilmente a Isla y tapar a Aranguiz se le fue el primer tiempo.

En consecuencia, el mediocentro fue cambiado por Pedro Aquino a los 33’ y el extremo le dejó su lugar a Raúl Ruidíaz a los 45’. Lamentablemente –y hay que decirlo-, Perú regaló todo el primer tiempo.

Chile, aunque venido a menos, sigue fuertemente influenciado y fiel a los cimientos colocados por Bielsa y perfeccionados por Sampaoli: la fabricación de espacios a partir del desmarque y la movilidad en progresión de ataque. Esto último sin sumar el agobio que significa para los rivales el ensanchar su línea defensiva por la latente presencia de extremos chilenos.





Los dirigidos por Pizzi dominaron a placer todo el primer tiempo y explotaron las espaldas de Trauco y Corzo con gran facilidad. El 80% de posesión de balón con la que contó el país sureño se vio traducido en múltiples situaciones de peligro, mas no en el marcador.

Para la segunda mitad, Perú mejoró gracias al cansancio chileno y el trámite se emparejó. En tanto, Edison Flores puso el empate a los 79’ y propició una de las sustituciones más comentadas de la era del ‘Tigre’. Ingresó Luiz Da Silva, un extremo, por Renato Tapia, volante de primera línea. El mensaje estaba claro: el empate no servía.

Se vivieron 6 minutos llenos de vértigo hasta que Arturo Vidal, poco participativo en el segundo tiempo, se ubicó en el medio de Aquino y Trauco y tras un control orientado disparó un remate rasante e inalcanzable para Pedro Gallese.



Loque queda de clasificatorias deberá servir para que Gareca se concentre en formar una base sólida y que se identifique con una forma de jugar. No es difícil entender que jerárquica y funcionalmente somos menos que las 7 selecciones que se ubican por encima nuestro en la tabla de posiciones. Es más fácil crear un plan a futuro y confirmar que con oficio, orden e inteligencia se puede llegar a algo. La pelota está en la cancha del ‘Tigre’.


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