Sebastián Duque en El Dorado

La Selección Colombia ha sido en el proceso de Eliminatorias al Mundial de Rusia, hasta ahora, como una película regular cuyo protagonista es un actor increíble. Se había mostrado como esos filmes que son ni aspiran a ser una magnífica obra de arte, pero que eran aclamados por parte de la crítica gracias a la interpretación del protagonista. Como con Corazón Rebelde (2009) y Jeff Bridges, Capote (2005) y Phillip Seymour Hoffman, o El Club de los Desahuciados (2013) y Matthew McConaughey. James era -y es- eso para su equipo nacional.

James, ese futbolista que atrae tantas miradas, ha sido uno de los grandes argumentos ofensivos de la competición

Un actor bárbaro que maquilla las carencias a su alrededor, ya sean de guion, casting, fotografía, sonido, arte o hasta dirección. El 10 del Real Madrid, siempre que ha podido, ha resuelto a favor de los cafeteros. Incluso desde la inferioridad. Ahí está el 1-1 en Chile; su golazo, asistencia y jugada de gol en La Paz; su exhibición contra Ecuador y Venezuela; y su performance como abanderado contra Brasil.

James, que es la razón para creer, no estuvo ayer en Barranquilla para medirse contra el líder de la Eliminatoria, y Colombia no ganó, ni lució, sino que por momentos hasta preocupó.

El cuadro de Pékerman saltó al césped con sólo uno (Macnelly) de los cuatro atacantes que golearon a Uruguay hace cuatro años: Falcao, Teófilo, James y Torres. Esta vez, el argentino no dispuso un 4-2-2-2 como ese día, sino que planteó un 4-2-3-1 con Cuadrado por derecha, Macnelly libre, Muriel por izquierda y Bacca en punta. El doble pivote lo conformaron Sánchez y Aguilar, y la defensa fue, de derecha a izquierda: Arias, Mina, Murillo y Farid.

El primer problema de esa alineación contra el 4-4-2 de manual que trajo Uruguay, con Suárez y Cavani como arietes, es que la capacidad de Colombia para jugar entre líneas quedaba reducida a nada. Cuadrado ya ha demostrado ser un futbolista incapaz de tocarla con acierto entre los volantes y los defensas contrarios. Macnelly se mantenía cerca de la base para sacar la pelota, pero no encontraba receptores en campo rival, y Muriel, casi fijo en la izquierda, carece de agilidad para producir en tan poco espacio.

Esto resultaba en poca fluidez por dentro y en exceso de envíos hacia las bandas. En la izquierda esperaba Muriel y un Farid desacertado en la toma de decisiones de cuándo subir, y cómo y cuándo centrar. En la derecha estaba Cuadrado, con su regate como recurso único e insuficiente, y también estaba Santiago Arias, que a estas alturas no ha expuesto más que pases hacia atrás e intentos de paredes que no aclaran una jugada.

A pesar de todo, Uruguay no creaba peligro, y Colombia se adelantó primero

El caso es que aunque Colombia no tomaba las riendas del partido por completo, Uruguay no se había acercado a Ospina. Y entre medias, los locales encontraron el 1-0 en un córner y cabezazo de Aguilar. Parecía que el partido se ponía de cara para la tricolor… hasta que Pékerman ordenó replegar y comenzó a llover sobre el Metropolitano.

La decisión no fue sencilla de entender. Darle aire a Uruguay cuando había recibido un gol parecía un contrasentido. Para más inri, la lluvia dificultó rasear el balón, lo que a la postre favorecía a los charrúas, especializados en el choque, el envío frontal y las segundas jugadas.

Así, minutos después llegó el empate y luego el fin del primer tiempo. José Néstor optó entonces por sacar a Muriel y poner a Cardona para tener más dinámica en la zona izquierda de la mediapunta. Sin embargo, la labor del ayer 10 no fue tan continua en términos de participación como para cambiar el rumbo del partido, aunque Colombia sí acosó a Uruguay, hasta el punto de que Santiago Arias tuvo un remate a puerta que despejó Godín en la línea.

Cuando más parecía que se acercaba el 2-1, llegó el 1-2, producto de un despiste de Murillo (tremendo partido) y la insistencia del 9 de la que varios consideran como la mejor delantera de la historia. El revés anímico para Colombia parecía irremediable, pero no fue así para Yerry Mina, que la mandó a guardar en el 83’ con un cabezazo desde el borde del área grande de Muslera.

Los revulsivos de ayer no atesoran tanta calidad

En ese momento ya estaban jugando Orlando Berrío de extremo derecho, Cuadrado de lateral, y Roger Martínez de 9 a cambio de Bacca (terrible actuación). Así buscó Colombia la remontada, y estuvo más bien lejos de encontrarla de manera natural. Una manera de explicarlo puede ser que James, que es, sin peros, uno de los mejores futbolistas del mundo, ha venido abarcando tantas cosas en tantos metros (se acerca a la base a sacarla, abre la cancha por izquierda, acumula contrarios a pierna cambiada, carga el área y asiste) que Pékerman no ha intentado dibujar un panorama sin él.

Sin embargo, si el argentino pretende que Colombia tenga la pelota, no puede ser que durante todo el primer tiempo ningún mediocampista no pueda tirar dos paredes que liberen un poco de espacio.


Colombia ya va a cumplir un lustro en el que precisamente, gracias a Pékerman, ha aprendido a confiar en que puede ganarle a cualquiera. Pero de ahí a jugar bien hay camino por recorrer. Y así va la película del director argentino, con James dando el do de pecho y avanzando hacia Rusia. Algo más vendrá, esperamos.

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