Ricardo Pinilla en El Dorado Magazine
No hay un plazo exacto de tiempo, pero a futuro ningún colombiano desconfía de las condiciones futbolísticas de Wilmar Barrios. Se trata de un mediocentro que crea unanimidad por su potencial, por su humildad y por su vestimenta ochentera en el campo. Es decir, Wilmar reúne todo lo necesario, futbolístico o no, para ganarse a la afición. Y al conseguirlo, como ya está comprobado, es más fácil trabajar. Barrios se puede enfocar en exponer lo que tiene y, además, en crecer desde el día a día de los entrenamientos. Partiendo de la base de que triunfará y de que sus convocatorias tanto a la de mayores como a la sub-23 son obtenidas por merecimiento particular, Wilmar tiene, a sus 22 años, virtudes como defectos marcadísimos para ser mediocentro. Y que conserve lo primero y mejore lo segundo dependerá de su definición como centrocampista. Con Tévez y Pavón, por citar dos nombres, sentido no le faltará en Boca Juniors.
Sonará raro, seguro, pero el mejor partido de Barrios en el fútbol local lo completó el semestre pasado en el Roberto Meléndez contra el Junior de Alexis Mendoza. Aquel día, el cartagenero jugó como falso mediapuntapor delante de dos claros pivotes como Avimiled Rivas y Luis Paz. ¿Cómo así falso mediapunta? Wilmar, desde lo relacionado con sus cualidades técnicas y aptitudes tácticas, lo hizo ver así; enorme presencia en los dos campos, corriendo como si no hubiese un mañana y llegando a cada jugada al límite. Un interior al uso, pero con suprema libertad. Y poniendo en perspectiva, eso es Barrios hoy por hoy: un volante mixto que reclama volar y ansía correr. Por eso es que su espalda es una invitación como una certeza de que cortará el ataque rival viniendo desde atrás y yendo al suelo. Es único, desde luego.
Defendiendo en posicional, Barrios está entre dudas y certezas. Aunque ha progresado en el acto de meter el pie, tapar a banda y aguantar al contrario, no termina de garantizar dos jugadas defensivas consecutivas de éxito. Como mediocentro posicional, donde tiene que reflexionar más y minimizar sus entradas como anticipaciones, a veces contagia al sistema defensivo de inestabilidad. Sin embargo, con una compañía fija en doble pivote, su insistencia defensiva suma el doble, pues el premio de no desistir en el robo de la pelota, pese a ser eludido por el rival una vez tras otra, es una notable virtud. No obstante, el mensaje radica en que su lectura defensiva, actualmente deficiente, ganará claridad y fiabilidad con la madurez de juego.
Barrios posee una reducida gama de pases
Pasamos al juego con balón. Barrios no tiene el pie más fino de todos los mediocentros en proyección (Celis, Cuéllar, Pérez, etc.), pero eso no implica que no genere cosas a través del pase. Todo pase que levante, sea vertical, horizontal o cruzado, produce desde la intención como desde el recorrido de la bola. Sin embargo, su pase a ras de suelo acarrea desajustes técnicos en el mismísimo golpeo. Para el posible receptor, quien tiene que controlar una pelota botadita y aflojada de velocidad, es perder uno o dos segundos valiosos para continuar la jugada. Por ende, en un juego exterior como el de Guillermo Barros Schelotto donde la bola tiene que llegar en el mejor estado (rápido, tensionado, ligeramente al espacio) a los hombres de banda, Wilmar sufrirá y evolucionará. A todo esto, a falta de un pie de seda, el cartagenero lo compensa con un par de piernas que, a través de la conducción, rompe líneas y supera pares con una facilidad aplastante. Como punto a favor, la mayoría de sus ejecuciones no son precipitadas.
A día de hoy, es una seguridad defensiva por robo que por colocación
Como dijimos en la introducción, el fútbol de dos piezas como Tévez y Pavón, una por dentro y otra por fuera, bordará de sentido a Barrios. En el caso de Carlos, en una versión de enganche maduro, requerirá frecuentemente que se le encuentre entre líneas y por abajo, sensibilizando poco a poco el toque del protagonista de este texto. En el caso de Cristian, juegue por derecha o izquierda, que las coberturas del cartagenero a su espalda engloben criterio, precisión y solidez. Ni hablar de ambos laterales, sobre todo Frank Fabra, que en fase ofensiva se transforman sincrónicamente en extremos, llevándolo a situaciones donde lo más importante será el pensar antes de actuar y no el acudir por instinto a robar. A saber de lo que acontezca, de él dependerá su próxima parada a nivel club. Talento atesora. Y mucho.

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