Rubén Guerrero Atilano (@RubenGuerreroA)




Llegó a la Liga Mx en medio de los festejos patrios del país. El 16 de septiembre del año pasado, Matías Almeyda fue anunciado como el relevo de José Manuel de la Torre en el timón del Guadalajara. Todos conocían su historia de éxito como futbolista, su capacidad con la pelota y hasta de su paso por el fútbol europeo, además de su constancia en la selección argentina, pero nadie conocía su liderazgo y profesionalismo en el banquillo.

Matías tomó a un sumergido en fracaso y depresión, grande por su historia repleta de títulos, pero buscando recuperar la identidad de antaño. Las críticas no se hicieron esperar y de inmediato le llovieron anti-elogios de todo tipo y por todas las vías, incluidas las redes sociales. Pero los resultados respaldaron su compromiso y sobre todo, su continuidad al frente de Chivas. 


Apenas al segundo encuentro de Liga, venció al acérrimo rival, América, en el mítico estadio Azteca (1-2), y un par de meses después, levantaba su primer campeonato como mandamás técnico. Se coronó en la Copa Mx, lo que le daría la posibilidad de luchar por un boleto a la Libertadores más tarde. Poco a poco, Almeyda recuperó la intensidad del juego de Chivas, las ganas de trascender y el poderío en el ataque. 

Para el receso de diciembre, la directiva le abasteció con refuerzos de renombre, como Carlos Peña u Orbelín Pineda, pero Almeyda se inclinó por la solvencia que le otorgan canteranos de la institución, como Michael Pérez o Ángel Zaldívar. El semestre anterior, pese a que quedó eliminado al margen de la Liguilla y a manos del América, consiguió el título de la Supercopa, que le brindó la posibilidad de luchar por un repechaje a la Copa Libertadores. 

Y ahora, al inicio del Apertura 2016, con la plantilla de nuevo retocada en todas las líneas y el buen futbol de su lado, Matías ha apostado por la fuerza de su materia prima. Sin importar el cartel de sus nuevos futbolistas, como Alan Pulido, Almeyda sigue apostando por los jóvenes, por el desempeño dinámico y la velocidad. Además, el argentino se ha ganado el corazón de sus aficionados y el convencimiento de la prensa especializada. 

Hoy, con los dimes y diretes de Juan Carlos Osorio en el banquillo nacional, hay optimistas que más que a Marcelo Bielsa, han colocado a Matías Almeyda en su sitio gracias a su conocimiento del medio nacional y la apuesta por los juveniles nacionales. Este es el camino del argentino que ha conquistado a un país futbolísticamente exigente y que le ha devuelto la sonrisa a un equipo de los llamados grandes.         


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