Víctor Grao (@VictorGrao


Atlético Nacional igualó a un gol como visitante contra Independiente del Valle. Los dirigidos por Reinaldo Rueda prefirieron hacer un compromiso inteligente, más que vistoso en Quito, sorteado con dos posturas adversas: tenencia y calma Vs. Repliegue y velocidad.

Aprovechando el buen pie de sus jugadores, el verdolaga impuso el ritmo del partido en la primera parte, siendo un compromiso sin muchas emociones, pero que lo llevaban a las revoluciones que querían. Sin prisa, pero sin pausa.

Apertura de bandas, retroceso del balón, generación de jugadas tras pivoteo y pronto cierre de espacios a los mediocampistas rivales. Sumado a mantener lejos de su área a los delanteros rivales. Su primera mitad rozó la perfección en cuanto al planteamiento propuesto.

En salida, Nacional buscaba dos tipos: primer toque con Sebastián Pérez o balón a ras de césped con sus jugadores ofensivos que bajaban a recibir balones, sacándose la marca de sus defensores.




Así llegó el gol de Orlando Berrío. Rompimiento de líneas, pivoteo y remate. Atlético Nacional no busco profundidad por las bandas. Prefirió un juego centralizado de sus atacantes que en muchas ocasiones optaron por el disparo de larga distancia. Hasta que lo consiguieron:


La segunda mitad cambiaron los patrones de juego. Independiente del Valle fue quien dispuso de la pelota, pero generando espacios. Hacía que el verdolaga retrocediera en exceso, dejando a sus once efectivos en cancha propia durante gran parte de los segundos 45 minutos.

Esto generó que la única salida de Atlético Nacional fuese a través de rápidas asociaciones en corto o buscando generar la falta del rival. Ambas las consiguieron para enfriar el compromiso.

Con los pases rápidos en salida, Nacional generaba –en varias ocasiones– cercanía de igualdad numérica. Aunque fueron escasas ocasiones con más efectivos que su rival, por el retroceso defensivo que tenían que hacer sus efectivos.





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