Matías Navarro (@Mati_Navarro


La Copa Libertadores dejó varios asteriscos futbolísticos para resaltar: desde la sorpresa que generó el proyecto de Independiente del Valle hasta la confirmación de Atlético Nacional como una de las grandes potencias sudamericanas a nivel club.

En el medio, una serie de jugadores que mostraron su mejor versión y que comenzaron a ser vistos con otros ojos, tantos por clubes latinoamericanos como europeos. Tal es el caso del defensor Diego Polenta, quien sonó para los gigantes argentinos: River y Boca.

El todavía joven uruguayo (tiene recién 24 años y un futuro enorme por delante) basó su carrera en esfuerzo, dedicación y una honestidad poco vista por estos ámbitos, donde el dinero y la sed de triunfo se llevan por delante los valores inculcados desde pequeños.



Líder desde chico

Polenta llegó al club Danubio en infantiles, donde llamó la atención por su porte físico, algo que le daba una enorme ventaja por sobre sus compañeros. De hecho, su potencia lo ubicó en zonas del campo diametralmente opuestas a su posición actual.

“Era siempre el más grandote. En el baby jugaba de volante y muchas veces de centrodelantero porque tenía una zurda bárbara, muy potente. Después, por su desplazamiento y su forma de ser, se terminó tirando atrás y transformándose de central, aunque tenía muy buenas fibras para ser 9”, reconoce a La Pizarra del DT el uruguayo Gustavo Machaín, actual DT del Club Social Municipal (Guatemala) y quien fuera su entrenador en las juveniles.




Ya desde ese momento mostraba no solamente sus enormes cualidades futbolísticas, sino también su don de gente. El Genoa italiano golpeó fuerte la puerta de la institución en un momento donde los europeos arrasaban con las promesas uruguayas sin poner un dólar. Sin embargo, con él fue distinto. Él era el capitán del equipo, no podía marcharse así como así.

Fernando Díaz, uno de los dirigentes que más conoce desde adentro a Danubio, revela a la Pizarra del DT la fase menos conocida de Polenta, aquella que ya lo colocaba como el líder de su generación, a pesar de tener solamente 16 años: “Desde Europa venían y se robaban jugadores. Les daban trabajo a los padres y se llevaban a los jóvenes sin pasar por el club. Pero Diego hizo algo distinto. Por iniciativa suya les planteó a los italianos que no se iba a ir si no negociaban con quien lo formó. Desde chiquito ya era un distinto. De hecho, tenía los pasajes para irse y el día anterior de su partida se fue a Colonia a jugar con su categoría (la 5ta División) porque era el capitán y quería acompañar a su equipo hasta el último minuto. ¡Y eso que una lesión hundía la transferencia!”.

La experiencia europea

Desde joven, el gran sueño de los futbolistas sudamericanos es jugar en Europa. El problema fue la edad y el destino que eligió para el debut en las ligas mayores: año 2009, con solamente 17 años y sin haber jugado un minuto en Primera. Así y todo, el currículum de Polenta se nutre de más de 100 partidos en Italia.

En el Genoa Primavera (la reserva del primer equipo) dejó sus primeros rastros: disputó 38 partidos, con 10 goles. Luego llegó a la Fase Final del Campeonato, donde anotó 4 tantos en los 6 encuentros que protagonizó. Por último, estuvo presente en la Supercopa Primavera, festejando un gol en los dos cotejos de esta competencia.

Todo esto antes de la coronación, del momento tan esperado y del primer gran tropezón de su carrera: la Serie A. 17 escasos minutos tuvo en la máxima división, en una derrota de su equipo por 1-0 ante Nápoli, por la temporada 2010-11.



Quienes lo siguieron de cerca en las inferiores italianas le auguraban un futuro más prometedor en la división profesional. La adaptación fue paulatina y el estar alejado de su tierra natal, para alguien que valora tanto sus raíces, seguramente terminó siendo factor determinante para sus pocas oportunidades.


“Se fue muy joven a Europa”, reconoce Fernando Díaz, quien explica: “El desarraigo muchas veces genera mayor sentido de identidad con tu lugar de nacimiento. Mucha gente prioriza lo económico por sobre el fútbol, pero él no es así. Siempre tuvo la personalidad suficiente para afrontar todo lo que le pasara”.

Mientras la ilusión de jugar en la Serie A se esfumaba, la B aparecía en el horizonte como un trampolín para destacarse y volver a subirse al tren de la máxima categoría. Bari fue el nuevo destino, ciudad que lo recibió con los brazos abiertos y lo albergó durante tres temporadas, en las cuales disputó 86 partidos, anotando 5 goles (1 en el Play-off de ascenso, donde alcanzó la final) y habiendo sido expulsado en 2 oportunidades.



El frustrado sueño europeo generó una fortaleza aún mayor en la relación de Polenta con Uruguay y, sobre todo, con su Selección, donde tuvo el orgullo de haber sido capitán en cada división juvenil en la cual pudo defender los colores de su país.

Machaín explica en detalle cómo detectaron desde sus orígenes el futuro que tenía por delante: “Desde pequeño tenía estirpe de jugador internacional. De hecho, hizo todo el proceso de las juveniles siendo el capitán de la Selección. Cuando nos comunicaron que lo vendían a Italia tuvimos una doble sensación: por un lado nos dio alegría, pero también una enorme pena, porque si se quedaba un año más podía forjarse mejor y jugar en Primera. Yo creo que le faltó eso, esperar un poco más para asentarse con los mayores y, ahí sí, poder rendir mejor en la nueva etapa”.

La primera experiencia en Genoa le dio buenos dividendos, sobre todo para encarar con mayor roce el Mundial Sub-20 que se disputó en Colombia en el 2011. Allí sería líder, capitán y sostén de la defensa uruguaya, que no pudo superar la primera rueda, tras empatar con Portugal y Nueva Zelanda y perder ante Camerún.



Sin embargo, el golpe se matizó por el gran nivel que mostró, llegando a las primeras planas de los medios europeos más importantes: el Barcelona lo seguía de cerca. “¡Hay una posibilidad que el año que viene juegue en Barcelona B, todavía no está confirmado!”, avisó él mismo en Twitter.

La posibilidad se esfumó y la llama de la esperanza se apagó nuevamente. Tras la experiencia en Genoa y Bari, Polenta estaba listo para regresar a casa, ahora sí, siendo un jugador más recio, duro y formado. ¿El nuevo club? Nacional, el gigante de Uruguay.

La consagración

Un año necesitó Polenta para que le dieran la cinta y se transformara en el líder del vestuario y prácticamente de la institución con la cual soñó toda su vida, con los colores que lo identificaron desde la cuna.

Su primera temporada lo encontró como un central más maduro que el que se fue, convirtiéndose rápidamente en la piedra angular de la línea de 4 y en el termómetro de un equipo que, desde su llegada, ya obtuvo el Torneo Apertura 2014 y el Campeonato Uruguayo 2014-15.



La gran Copa Libertadores 2016 que realizó lo posicionó como uno de los grandes defensores de Sudamérica, haciendo que se lo disputaran colosos sudamericanos de la talla de River y Boca.

Acostumbrado a la presión que significa jugar en un grande de su país, se mostró lo suficientemente tranquilo para no interceder en las negociaciones y afirmar que, si de él dependiera, seguiría mucho tiempo más en Nacional.

¿Qué vieron Gallardo y Barros Schelotto en este uruguayo de 24 años? Su temple, su porte físico y su juego de roce (a veces extremo) que lo hacen sentirse respetado dentro del campo de juego.

Pero el liderazgo y el sacrificio no son sus únicas virtudes, sino que posee una muy buena capacidad de leer el juego, de predecir hacia dónde va la jugada, lo que le permite estar mentalmente un paso por delante de su rival y anticipar sus movimientos.


Anticipo a Tévez para evitar el contragolpe de Boca en el empate 1-1 por la Copa Libertadores 2016

Intuición para cortar el pase filtrado que podría haber dejado mano a mano al jugador de Boca
¿Lo negativo de Polenta? Su fuerte carácter, que a menudo le significan expulsiones innecesarias, y su juego con los pies. Así como se le valora el anticipo para cortar ataques del contrario, su mayor déficit es la salida desde sus pies y la necesidad que tiene de lanzar el balón lo más lejos posible a pesar de que, muchas veces, tiene otras variantes.

Revoleo innecesario del balón ante la posibilidad de dársela a compañeros desmarcados



“Si se queda un par de años en Nacional, por su estilo de liderazgo dentro del campo y por su capacidad de contagiar desde atrás va a ser un líder muy positivo que va a marcar época en el club”, remarcó hace un tiempo el histórico Hugo de León.



Si mantiene la paciencia y la perseverancia con la que se viene manejando, Polenta permanecerá mucho tiempo desplegando su talento por estos lares antes de probarse nuevamente en el fútbol europeo. Nacional y la Selección uruguaya le estarán agradecidos. Y Sudamérica también.

Estadísticas de Polenta en Italia: Ramiro Alardi.

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