Horacio Zimmerman

Las hipótesis en el fútbol no existen. Una persona con sentido común no las valora, diría Marcelo Bielsa. Y tiene razón. La imaginación no es parte de la realidad. Sin embargo, existen diversos métodos para tratar de romper esa tendencia. O al menos es como en el fútbol los entrenadores responden a la necesidad de recrear acciones en el imaginario respecto a las virtudes o defectos que expone el rival de turno para lograr que una idea prospere sobre el césped. Y el primer paso para concretarlo es el estudio táctico del oponente. A continuación, un análisis en tres puntos de la lustrada Colombia de Pekerman.

1. ¿Cómo presiona?

Sin la pelota en su poder, el equipo de Néstor Pekerman no sostiene una presión alta ni intensa. Sucede todo lo contrario: prioriza la recuperación en bloque. Es decir, el equipo se mueve de acuerdo a la trayectoria del balón. En algunas oportunidades dispone a sus jugadores en un sistema 4-1-4-1, aunque otras veces también lo hace con dos líneas de cuatro. En ambas ocasiones, siempre se para lejos de su portería. De esta forma es que logra cortar el circuito de pases del equipo contrario. En la mayoría de casos, los posibles receptores están rodeados de colombianos, por lo que se les hace difícil prosperar en ataque.

Cuando recupera la pelota, Colombia suele realizar un fútbol directo antes que uno de posesión. Esto quiere decir que prioriza la velocidad y verticalidad, antes que mover el balón de lado a lado, una característica de la antigua escuadra colombiana de los 90. Pocas veces divide el balón una vez que lo recupera. Tiende más a entregar pases largos a ras de piso a la espalda de la zaga central rival, sobre todo para aprovechar la velocidad y potencia del delantero Carlos Bacca.

2. ¿Cómo ataca?

Primero que nada debemos analizar la posesión de Colombia. A la salida de un saque de meta, la primera opción del arquero Ospina siempre es jugarla corta a uno de sus dos centrales. Los laterales se colocan cerca de la mitad de la cancha y uno de los volantes centrales en el medio (una disposición 2-3-1-4). Se podría contrarrestar esta salida con una presión alta, obligando a Ospina a que divida el balón con un saque largo, algo que a claras luces les incomoda.

En ataque, el equipo de Pekerman cambia el esquema y ataca con tres delanteros, en una variación táctica que le permite tener mayor volumen ofensivo. Colombia concentra la mayor parte de su juego de ataque por el sector derecho, en el que se ubica Cuadrado. Por ese lado suele ser más vertical y menos cerebral, como sucede en el lado opuesto, en el que se recuesta Cardona. Una de las principales armas de los cafeteros es el ataque por los costados. Sus laterales conviven con el ahogo y alternan idas y vueltas para darle amplitud y sorpresa a la ofensiva. Eso sí, sus movimientos nunca son similares a los que ejecutan los extremos. Si Cuadrado se recuesta sobre la línea, el lateral se mete al área en diagonal. Y viceversa. Uno por dentro, otro por fuera. Nunca los dos en el mismo eje de ataque. Esta disposición, además, amplía los espacios para que Cardona o James, que muchas veces alternan sus posiciones, tengan mayor contacto con el balón por el centro del campo.

3. ¿Cómo hacerle daño?

En referencia al tema de los laterales colombianos, Se puede aprovechar el juego a la espalda de estos, como lo hizo Costa Rica (que venció 3-2 al equipo de James y compañía). Colombia suele dejar una línea de tres en defensa cuando ataca; por lo tanto, el pase largo a la espalda de los marcadores obligaría a esta franja a estirarse más de la cuenta y llevar a los centrales a una zona en la que no se sienten cómodos, los costados: un sector al que están obligados a salir para cubrir espacios amplios. En ese sentido, es vital que Perú tenga una transición rápida y vertical, sin mucha posesión, una vez que recupere la pelota.

De lo que pudimos ver a Colombia en esta Copa, concluimos en que el lado izquierdo es el más débil en materia defensiva. Principalmente porque Cardona no tiene la misma disposición defensiva que Cuadrado (en recorrido), sino todo lo contrario: suele llegar tarde a todas las jugadas en las que le toca defender. 

Otro punto débil de Colombia: cuando ataca, suma hasta siete jugadores, con los dos volantes centrales esperando de cerca para ganar la segunda pelota (o rebote), con la intención de recuperarla rápidamente en campo contrario. Como pasa con los laterales, sufren cuando el balón va a la espalda y el ataque rival es con mucha velocidad. 

A los equipos como Colombia, cuya fortaleza es la posesión del balón, se les tiene que obligar a dividirlo, salteando las líneas, partiéndolas. El primer paso para jugar bien es hacer que el rival juegue mal.

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