Con un estadio pegado al Río de la Plata y un goleador argentino, quedó campeón del torneo charrúa al vencer a Peñarol en su estadio; hace 18 meses, estaba en la última colocación... de la Segunda División



Fernando Vergara en Cancha Llena // Adaptado por La Pizarra del DT


En días donde el Leicester generó uno de los mayores cimbronazos en la historia del fútbol, no hay que tomar demasiada distancia de la Ciudad de Buenos Aires para encontrarse con la gran sorpresa sudamericana. Está a apenas 50 kilómetros. Claro, se debe cruzar el charco y acercarse a la siempre familiar Colonia del Sacramento, en Uruguay. En esa pintoresca ciudad se erige el humilde Plaza Colonia, que quedó campeón del torneo uruguayo.

La historia del "Patablanca" -al igual que la de su par inglés- lejos está de figurar en las principales carteleras deportivas. Más bien, la sensación es que el trabajo del club va de la mano con la calma habitual de la ciudad, paciente y silenciosa. El tiempo parece haberse detenido en Colonia. Dentro de esa arquitectura fusión de estilos españoles, portugueses y post-coloniales radica el sueño de sus 25 mil habitantes: para que se convirtiera en el primer campeón en la historia de Uruguay que no pertenezca a Montevideo (Peñarol, Nacional, Danubio, Defensor Sporting, Montevideo Wanderers, Central Español, Progreso y Bella Vista se reparten los títulos) Colonia ahora, con reglamento en mano: se disputará un partido entre los campeones de los torneos cortos (los Mirasoles se llevaron el Apertura). El vencedor de este encuentro se enfrentará al ganador de la Tabla Anual (la dominan Peñarol y Nacional) en una serie final de dos partidos para definir el campeón.

Si se retrocede en el tiempo, se pueden hallar otras similitudes con el Leicester: hace 19 meses, Plaza Colonia estaba en la última colocación de la Segunda División; el mérito es aún mayor, dado que el equipo inglés supo escalar desde el último lugar de la tabla, pero en Primera. Con un entrenador carpintero, con un estadio a no más de 30 metros del Río de la Plata, y con un goleador argentino -el Ulloa de estos lares- la atractiva historia de Colonia podría entenderse, entonces, a través de pequeñas historias.



El meteórico ascenso

El repaso vale para entender el contexto. Hasta 1999, el club sólo participaba en la liga de fútbol de Colonia. En 2000 lograron entrar en Segunda división y al año siguiente subieron a Primera. Inmersos en problemas institucionales, en 2005 descendieron y en 2006 no se presentaron al torneo por falta de recursos económicos. Volvieron a ascender la temporada pasada y una década después de tocar fondo, respiran aliviados al saber que mantuvieron la categoría, el principal objetivo.

De la carpintería a la máxima categoría

Eduardo Espinel se recibió de carpintero a los 15 años, actividad que le brindó un oficio y una forma de vivir. El actual entrenador de Colonia llevaba sus amores en paralelo: el fútbol y su taller. Después de hacer inferiores en algunos clubes de Montevideo, jugó durante siete temporadas en Plaza y fue compañero de Diego Lugano en la zaga central. "Mantenemos una amistad, es un fenómeno de persona", dice el DT, mientras remarca que juntos dieron una charla en la cárcel de la ciudad. En esos años en los que vivía del fútbol profesional cerró su taller, con un detalle: dejó las herramientas adentro para despuntar el vicio: "En los ratos libres lo usaba para distraerme", asegura. "Cuando dejé de jugar hice el curso de entrenador y además seguía con la carpintería. Después, daba clases en una escuela para directores técnicos. El actual gerenciador de Colonia, Roberto García, era mi alumno y me ofreció este cargo. Y no fue por mi currículum, porque no tenía", dice. Su experiencia más trascendente había sido dirigiendo en la cuarta división del "Patablanca". Pero Espinel conocía el club y se hizo cargo de un fierro caliente, que deambulaba en el último lugar de la tabla de Segunda División.

A veces en auto, otras en micro, Espinel viaja desde Cardona todos los días, 200 kilómetros ida y vuelta. "Aprovecho para pensar y diagramar el equipo", asegura el asiduo lector de Eduardo Galeano.

Plaza va a contramano del fútbol. En la locura cotidiana que busca resultados al instante, mantuvo al DT en sus primeros cinco partidos en la segunda, con cuatro derrotas y un empate. Para vivir este presente tomaron fuertes determinaciones: 

"Si había sólo cinco pelotas para entrenar, nadie tenía que quejarse"

Hubo rescisiones de contrato a jugadores que no se acoplaban tanto futbolística como institucionalmente. El sueño empezaba a tomar forma, ya que los 18 partidos sin perder tuvieron como consecuencia el ascenso a primera la temporada pasada. "Fue de golpe, una locura, el club llevaba 10 años sin estar en esta categoría. Subimos con un presupuesto bajo, con jugadores de la ciudad", cuenta el entrenador. Y la paciencia fue por partida doble, ya que la dirigencia bancó a Espinel cuando Colonia estuvo sin ganar en sus primeros cinco partidos en la máxima categoría. "Hace algunos años quisimos contratar a Eduardo pero no teníamos dinero para complementar a su ganancia como carpintero", agrega Sergio Fernández Pos, integrante de la comisión directiva.

"Sigo mucho el fútbol inglés y hace dos semanas que hablamos de Leicester con los chicos del plantel. Nos sentimos identificados, el trabajo está por encima de todo", asegura Espinel. "En mi pueblo ya me hablan del Leicester uruguayo", se entusiasma.

El goleador que viaja en bici

Germán Rivero es el único argentino en un plantel que el semestre pasado contó con la presencia de Danilo Gerlo. El ex Flandria y Fénix se desempeña como titular y acumula cinco tantos en el presente torneo. "Lo del Leicester es una cosa de locos, la vienen remando desde abajo, y acá también el sacrificio es enorme. De algún modo, ojalá se me pueda dar como a Ulloa", cuenta el atacante de 24 años que vive con su esposa Eliana y su hijo Ian, de cuatro.

"Suelo ir en bicicleta al entrenamiento, queda a 12 cuadras de mi casa y me resulta práctico"

En Buenos Aires, en épocas en las que no tenía club, Rivero le daba una mano a su padre haciendo changas de albañilería. "Tengo un hijo y las cuentas hay que pagarlas. Hice chapa, pintura y otras cosas, mi viejo me lo enseñó desde chico", detalla el goleador.


Un estadio a metros del Río de la Plata

El Parque Juan Prandi es el estadio oficial de Plaza, con capacidad para 2.500 personas, pero por motivos de espacio los albiverdes juegan como local en el municipal Alberto Supicci, al que pueden acceder 15.000 espectadores. Situada en pleno centro de la ciudad, tiene la magia propia de las canchas "de pueblo". En el acceso principal, una pequeña boletería con cuatro ventanillas. En uno de los laterales, a no más de 30 metros, está custodiada por el Río de la Plata; en el otro, un pared multicolor de 200 metros, reconvertida en mural por ocho artistas colonienses en diciembre de 2013.




Un proyecto social activo

Esta institución, que el 22 de abril del año que viene celebrará 100 años de vida, lleva su nombre gracias a las plazas de deportes gratuitas que Uruguay tiene repartidas en todo su territorio, que precisamente tienen los colores verde y blanco como emblema. "Apostamos fuertemente a las inferiores", explica el gerente deportivo Carlos Manta. El promedio de edad del plantel es de 21 años, el más bajo en la primera de Uruguay. Quien crea que en ese país levanta una piedra y sale un futbolista, aplica a Colonia: Guillermo Padula, zaguero de la selección sub 20, se fue al Villarreal a comienzos de año; también hay un seguimiento de clubes europeos por Nicolás Dibble, veloz delantero de 21 años. Otro punta, Facundo Waller (18 años) también integra el sub 20 charrúa. Todos nacieron en la ciudad. Con la venta de Padula, se invirtió en logística apostando al futuro: vestuarios, gimnasio y una cancha de césped sintético en el predio del club que vio nacer a Mauricio Victorino y Gilmar Villagrán, entre otros. 

El presupuesto, asegura Manta, es 20 veces más bajo que el de Nacional o Peñarol.

Lo social incluye una idea innovadora por parte del plantel de primera: los propios futbolistas diagramaron un reglamento de comportamiento que abarca hoteles, restaurantes y lugares públicos. Si no respetan las normas de funcionamiento, deberán pagar una multa. Con el dinero recaudado, ellos mismos elegirán a dónde donarlo.

"Orden, humildad y respeto", el lema que Espinel inculca en Colonia. "Salvando las distancias, queremos predicar lo mismo que el Maestro Tábarez en la selección", sigue. Su mensaje no difiere demasiado de uno que alguna vez se le escuchó a su par Claudio Ranieri, cuando le preguntaron cuál era el secreto del equipo inglés: "El secreto es el trabajo en común y la unidad en el vestuario", respondió.


Ciudades pequeñas que sueñan en grande. En Colonia, (también en Leicester) oyeron varias veces la predicción preferida de los opulentos: "Se van a caer". Ellos lo usan como motivación y van por su hazaña.

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