Matías Navarro (@Mati_Navarro)


Tener a Lionel Messi es, sin dudas, una gran ventaja. Pero, como ocurre siempre, eso también conlleva una gran responsabilidad. Por eso, contar con el mejor jugador del mundo exige que quienes lo rodean tengan una concentración y esfuerzo máximos como para estar a su altura.

A pesar de los 3 triunfos consecutivos y de posicionarse en zona mundialista por primera vez, esta es la gran ganancia y el gran defecto de la Selección argentina: entender, interpretar y poder jugar con Messi.

En el triunfo ante Bolivia quedó expuesto de manera muy clara: el rival representaba la situación perfecta para llevarse los tres puntos y comenzar a asentar la relación Messi – compañeros.

Jugar como el Barcelona es el anhelo de (casi) todos, pero para eso los 10 mortales que acompañen a Messi deberán jugar por y para él, algo que en la Argentina pocos entienden.

En este primer ejemplo del triunfo en Córdoba, tiene 5 compañeros que, con el movimiento correcto, podrían haberse desmarcado y ser variantes de descarga.



Sin embargo, la presión boliviana y la actitud estática de los argentinos (sumados a su lentitud en el desmarque) llevan a que Messi pruebe una jugada individual larga, que lógicamente lleva a la pérdida del balón.




La habilidad de regateo de Messi es un recurso en Barcelona, no una necesidad. Por eso, ante una situación similar, el argentino logra sacarse un par de jugadores encima y, rápidamente, contará con una descarga directa. En este caso es Neymar quien aprovecha los espacios que genera la habilidad de su compañero.




El brasilero no es el único que se nutre de su compañero: Luis Suárez lo aprovecha como descarga, utiliza al argentino para que concentre la presión rival y ocupa el hueco que deja la defensa para quedar cara a cara con el gol.




Mientras tanto, el poco tiempo de trabajo atenta contra las intenciones de Martino, y la falta de lectura de la jugada fuerza a que el juego argentino sea Messi-dependiente.

En la jugada citada a continuación, Lío transita desde la mitad de cancha hasta la puerta del área rival esquivando oponentes y sin opciones de pase. Recién en la última imagen, y tras recorrer casi todo el campo, dos jugadores se muestran como posibles descargas.





Cuando está por pisar la medialuna del área aparece Higuaín en escena para ser una descarga clara, pero no por mérito del delantero, sino porque Messi limpió cuanto oponente se le presentó en el camino.


La resolución, una vez más, fue deficiente: mientras Lío esperaba la devolución de la pared dentro del área (una jugada que en Barcelona surge de manera natural), Higuaín priorizó el disparo al arco, que terminó afuera.



Aunque la interpretación de los movimientos que piden las jugadas sigue en el debe, hay ciertos destellos que generan la ilusión de que Argentina funcione a partir de Messi. Eso ocurrió en el primer gol del local, donde una falta jugada rápidamente por el 10 fue bien entendida por Higuaín, quien hizo la diagonal y generó la jugada de la apertura del marcador.




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