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Adolfo Ríos (@Adolfoarios

Cuartos de final de la Copa América, y una de las llaves dicta que se enfrenten Brasil y Paraguay. Esta película ya la vimos en 2011, con algunos protagonistas repitiendo presencia en esta segunda parte: Villar, Da Silva, Cáceres, Haedo por los guaraníes; Robinho y Thiago Silva entre los verdeamarelhos. Aquel Brasil de Mano Menezes ya sufría de la ausencia de un 9 efectivo que pudiera concretar las situaciones que generaban sus hombres de ofensiva. Y  la película de terror para los brasileños, en cuyos 120 minutos de duración no había logrado convertir, terminaba con la inédita escena de los 4 penales errados de 4 pateados. El Tata Martino, DT de Paraguay en aquel entonces, lo resumía así: “Hoy lo único que se puede decir es mucho sacrificio, mucho corazón, buen porcentaje del arquero y, si se puede decir cu**, mucho cu**”. Resumen claro y crítica negativa.

Ramón Díaz era el director designado para esta ocasión, y su misión consistía en contradecir el viejo dicho de que las segundas partes no son buenas. Y contaba con un presupuesto reducido, por la baja de dos de sus principales figuras de la fase de grupos: Néstor Ortigoza y Miguel Samudio. El primero, descartado de antemano por la naturaleza de la lesión; el segundo, con posibilidades de aparecer tras haber retomado los trabajos en la semana. Pero Ramón mandaría un mensaje claro: “Miguel Samudio está descartado. Necesito jugadores en un 100%, no al 60 ni 80%”. Entonces repetía Piris por el sector izquierdo, Aranda reemplazaba a Ortigoza tras el insatisfactorio desempeño de Molinas ante Uruguay, a quienes se sumaban  las vueltas de Victor Cáceres, Derlis González y Roque Santa Cruz al once inicial.

La trama ya se planteaba de manera diferente por parte de Paraguay, con hombres veloces por los costados (en las imágenes se observan desbordes por ambos costados antes de los 10 minutos de juego)  y los dos tanques al medio. Edgar Benítez comenzaba a convertirse tempranamente en protagonista por la izquierda, desbordando en repetidas veces a Dani Alves (tal como lo había hecho Estigarribia en el primero de aquellos dos choques de 2011). Derlis González intentaba lo mismo por la derecha, aunque más tímidamente, y los hombres de punta dedicándose a bajar las pelotas largas y de ofrecerse como opción de pase cuando se lograba salir con el balón dominado por el medio. Ramón Díaz además mostraba tener el libreto bien estudiado con las pelotas paradas, lanzadas todas al primer palo, sobre un Jefferson que se mostró dubitativo como en toda la Copa.



Se insinuaba mejor Paraguay con algunas internadas por los costados, pero no tomaba las mejores decisiones en el último pase. Y para la sorpresa, en uno de sus pocos descuidos, Brasil construye una bonita jugada de lado a lado, trasladando el balón desde la izquierda hacia la derecha, donde Elías en un pase profundo encuentra a Dani Alves en proyección, para que este cruce el centro y con los zagueros paraguayos distraídos con las atropelladas de Firmino y Coutinho, encuentre a  Robinho definiendo a placer aprovechando la desatención de Aranda en la cobertura. El drama del gol en contra se manifestaba en esta ocasión, pero el guión seguía siendo el mismo con un Paraguay agresivo y con Benítez complicando permanentemente a Dani Alves.

No se modificaría el tablero en el primer tiempo, pero Paraguay entraría al segundo con mayor aplomo y la misma determinación, volcando el terreno paulatinamente hacia el arco de Jefferson. A pesar de las internadas por los laterales, las opciones de mayor peligro llegaban por la vía aérea, con sendos cabezazos de Haedo y Da Silva que presagiaban el gol, hasta que Thiago Silva decidió repetir una jugada que habíamos visto hace apenas 3 meses en Champions League, manoteando en el área una pelota que no llevaba mucho peligro y otorgando a Paraguay la oportunidad inmejorable de encontrar lo que había buscado en todo el partido. De aprovechar el regalo se encargaría Derlis González, el chico que con 21 años demuestra una mentalidad digna de los más grandes, tomando la pelota por sobre un consagrado como Roque Santa Cruz, y definiendo el penal con categoría y perfecta colocación, venciendo a Jefferson a pesar de que este se estirara hacia el lado correcto.

La igualdad había aparecido justo cuando se preparaban los cambios, pero estos no se detuvieron porque Paraguay quería más y seguía mostrando actitud ganadora en la cancha. Bobadilla, Martínez y Romero; tres jugadores de corte ofensivo ingresaban aunque el partido se iría sin que estos logren desequilibrar la balanza. No sin antes resaltar el reemplazo del protagonista de esta edición, Edgar Benítez, que se retiraba por cansancio para permitir el ingreso de un Romero que nos regalaría una de las mejores escenas de la película a los amantes de este género llamado fútbol, haciendo sufrir por el costado izquierdo a Dani Alves una vez más.


Finalmente, a pesar de que la trama había resultado completamente diferente a la de 4 años atrás, con el buen juego que se agregaba al corazón y el sacrificio, el “porcentaje del arquero” disminuido y aumentado el de los ofensivos, llegamos al desenlace que sí resultaba idéntico: los brasileños erráticos en los penales, inclusive sin acertar el arco. Paraguay por su parte, con un gran porcentaje de efectividad (a pesar del nuevo guiño de Santa Cruz a Derlis González, dejando la definición para el último penal, cediéndole así el protagonismo) para concluir con esta escena que representa un déjà vu: los brasileños desolados ante los paraguayos festejando su paso a semifinales.


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  1. Paraguay demostró la garra quite en un momento dado Uruguay no tuvo. Gran equipo, gran técnico. Seguro van al mundial

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