Ads (728x90)




BUENOS AIRES.- El próximo domingo, desde las 17.15, el Monumental será el escenario de un partido muy atrayente para todos los espectadores, no sólo para los hinchas de River o Boca que van a desear la victoria de su equipo, sino también para todo amante del fútbol que va a disfrutar del encuentro con una mirada más neutra y relajada. Quizás como hace mucho tiempo no se veía en este tradicional enfrentamiento, el choque de estilos va a ser muy marcado.

Desde sus inicios, River y Boca siempre tuvieron un currículum bien marcado y definido. Sus hinchas se vanaglorian con las cualidades que demostraron sus respectivos clubes a lo largo de la historia. Los Millonarios se jactan de mostrar un fútbol atractivo, ofensivo y de buen trato con la pelota. En cambio, la hinchada boquense ponderó a lo largo de su existencia un fútbol más aguerrido, donde el jugador utilice a la actitud como escudo y donde deje la piel en cada pelota que se dispute.

La actualidad de ambos equipos es una pintura exacta de las premisas que marcaron a Boca y River a lo largo de su historia. El ideario del conjunto millonario es muy claro. Marcelo Gallardo es un amante del fútbol ofensivo, donde la pelota tiene que ser el eslabón que una a cada uno de sus dirigidos. Mucho de lo que pregona el Muñeco es lo que se vio con el Barcelona de sus mejores épocas, ese equipo que supo ser reconocido como el mejor del mundo. Fútbol total, donde todos atacan y defienden. Asociación continua entre los jugadores, pasando la pelota una y otra vez hasta casi lograr el hartazgo en el rival. Y cuando se pierde el balón, presionar a los rivales en forma desesperada para volver a sentir esa sensación de tranquilidad en los pies. Pep Guardiola siempre decía que quería tener la posesión todo el tiempo, que le daba rabia que su equipo no tuviera el balón; cuando esto sucedía quería que sus jugadores se desesperaran para recuperarlo en pocos segundos, y así volver a dominar el partido. La premisa del ex DT del conjunto catalán era sencilla: si sus dirigidos tenía la posesión de la pelota, su rival no podría hacerle daño.

El esquema del puntero e invicto del torneo es flexible. Cuando defiende se para con un 4-4-2 y cuando ataca, muchas veces se transforma en un 3-5-2 o 4-3-3 según el rival que enfrente. Atrás tiene jugadores veloces, para jugar mano a mano con los atacantes rivales ya que tiene la defensa muy adelantada. Gabriel Mercado, Jonathan Maidana y Ramiro Funes Mori son jugadores muy rápidos en el anticipo. Leonardo Ponzio, reemplazando al lesionado Kranevitter, se para en un doble pivote con Ariel Rojas. Con Carlos Sánchez y Leonel Vangioni por los costados. Y arriba, partiendo desde la posición de enganche pero con plena libertad en sus movimientos, Leonardo Pisculichi. En la delantera, Rodrigo Mora y Teo Gutiérrez se mueven sin posiciones fijas por todo el frente del ataque.

El equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena da síntomas de haber reencontrado las máximas que caracterizan al club. El Vasco no buscó nada desorbitado y ni quiso salirse de su libreto de mesura o tranquilidad con la que enfrenta las cámaras o como se manejó a lo largo de su carrera. Fue a lo sencillo, directamente a las raíces que supieron cimentar la arquitectura xeneize.

En su presentación ya lo había anunciado, no buscaba palabras, ni promesas, sólo hechos. Que el jugador vuelva a recuperar el significado de lo que es defender la camiseta de Boca. Actitud, compromiso, entrega, garra y compañerismo son las palabras que más se escuchan por los pasillos de la Bombonera a partir de su asunción. Es muy pragmático lo del Vasco, para defender utiliza un 4-4-2 bien rígido. Con mucha presión hacia el oponente, sin permitir el juego rival. En cambio, en ataque es más flexible, se desdobla en un 4-3-3 con Fernando Gago y César Meli como interiores. Y en la delantera con Federico Carrizo y Andrés Chávez por los costados pero sin posiciones fijas, que se suman a la referencia de área que es Jontahan Calleri.

Por ahora Boca no tuvo un fútbol de alto vuelo, pero recuperó mucho terreno después de la irregular tercera etapa de Carlos Bianchi al frente de la institución. Se ve un equipo mucho más compacto, más sólido en la faz defensiva y en ataque sin tanto punch, pese a los buenos jugadores ofensivos que posee. Pero el equipo todavía está en un proceso de acomodamiento a las ideas del nuevo entrenador y espera la oportunidad del domingo para dar un golpe sobre la mesa. Por eso, el Vasco pidió especialmente por la trascendencia de este partido no hacer declaraciones fuera de lugar y enfocarse de lleno en este relevante encuentro que puedo significar un punto de inflexión en sus aspiraciones al campeonato. Además, es el gran partido que está esperando Arruabarrena para dar un salto de calidad a su trabajo como entrenador.

El folklore del fútbol dice que no importa cómo llega cada equipo antes de los clásicos, y menos en un superclásico. Luego del campeonato logrado con Ramón Díaz, River parece haber alcanzado la excelencia de la mano del Muñeco Gallardo. La época del descenso ya quedó en el olvido y este conjunto de Núñez se parece al de sus mejores épocas. Ese pasado oscuro ya quedó enterrado y ahora los hinchas millonarios disfrutan de este gran presente. Boca, en cambio, busca afianzar la idea del Vasco: irá al Monumental a jugar una final, con sus armas, con un buen equipo a las claras, pero que busca solidificarse  con las cartas de siempre del equipo de la ribera: actitud y garra. Como jugaba el Vasco. Enfrente, un equipo de galera y bastón como el Muñeco soñó cuando empezó su carrera de entrenador. Sin candidatos, como siempre, el catering en el Monumental estará servido: sushi con champagne o asado con vino. Cada uno elegirá sus preferencias.

Extraído de http://www.girabsas.com/nota/1514-sushi-con-champagne-o-asado-con-vino-el-analisis-tactico-del-superclasico/

Publicar un comentario